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LUIS MARÍA MARÍN ROYO

Bicentenario de la Batalla de Tudela

Tudela acogerá hoy un desfile y el descubrimiento de una placa en recuerdo a los caídos en la batalla

Actualizada Domingo, 23 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • LUIS MARÍA MARÍN ROYO ES HISTORIADOR Y ESCRITOR.

P OR el número de tropas que intervinieron, esta batalla es el hecho de armas más importante ocurrido en Navarra a lo largo de su historia. Una batalla de repercusión nacional con la que se trataba de obligar a retroceder a los franceses, en la que intervinieron dos ejércitos españoles, uno a las órdenes del general Castaños, con 26.000 hombres y otro que mandaba Palafox, con 18.000, frente a los 35.000 franceses al mando del mariscal Jean Lannes.

Preparativos para la batalla

Después de seis meses de la toma de Tudela por los franceses en junio de 1808 y habiendo pasado la ciudad en este tiempo en cuatro ocasiones de manos españolas a francesas y viceversa, Tudela estuvo casi un mes sin ser visitada por ninguno de los dos bandos combatientes, hasta que a principios de octubre comenzaron a llegar tropas españolas, preparando lo que fue la batalla de Tudela. En la ciudad se iban a reunir varios generales, para unificar estrategias. La Diputación del Reino abandono igualmente Pamplona instalándose provisionalmente en Tudela. El día dos de octubre llegaban a la ciudad 10.000 soldados de infantería y 600 de caballería, integrantes de los ejércitos de Valencia y Murcia. El día 17 entraba el general Castaños, vencedor en Bailén, general en jefe del Ejército del Centro, situado entre Logroño y Tudela, que se hospedó en el palacio de Magallón.

El día tres de noviembre llegaban los representantes de la Junta Central del Reino, Francisco Rebolledo de Palafox, hermano de José Palafox, acompañado del marqués de Coupigny y del conde de Montijo. Dos días después, venía a Tudela el general José Palafox, reuniéndose en el palacio del marqués de San Adrián con Castaños. Esta reunión puede decirse que fue el germen de la derrota en la batalla de Tudela ya que aparecieron por primera vez las diferencias tácticas en el planteamiento que tenían José Palafox y Castaños.

Planteamiento de la batalla

El 14 de noviembre Castaños tenía pergeñado el plan de ataque, que envió al teniente general O"Neille jefe del ejército a las órdenes de Palafox, quien con el mariscal Saint-March estaban situados en Caparroso y Villafranca. El plan consistía en atacar por sorpresa las guarniciones francesas de Peralta y Falces y de allí, ir a Lodosa a controlar el puente del Ebro, único existente entre Tudela y Logroño. Para llevar adelante el plan, Castaños envió a O"Neille su 5ª División al mando de Pedro Roca y gran número de tropas de caballería, pero éste contestó que su jefe era Palafox y que necesitaba la orden de éste, así como 50.000 raciones. Castaños le envió las raciones solicitadas, pero O"Neille por orden de Palafox no se movió.

Los hechos se precipitan

El día 21 Palafox habiendo perdido unos días trascendentales, durante los cuales los franceses habían tomado la iniciativa, mandó a Castaños un plan de ataque similar al que éste había intentado poner en práctica el día 14 y que él mismo rechazó. Ahora, una semana después era tarde. Esa misma mañana estando Castaños con los representantes de la Junta Militar estudiando el plan de Palafox, recibió notificación del obispo de Burgo de Osma, que la división francesa del mariscal Ney, estaba en Almazán e intentaba llegar a Ágreda. Castaños se dio cuenta de la estrategia de Napoleón de atacarle por la retaguardia y cortarle la salida hacia Madrid, advirtiendo lo débil de sus líneas por dónde iba a producirse el ataque, ya que sólo contaba con 26.000 hombres de los 80.000 que le había prometido la Junta Suprema Central. Con gran visión estratégica, viendo que le iban a envolver, ordenó retroceder a sus tropas estacionadas en la línea del Ebro en Calahorra y Alfaro, hasta la altura de Tudela, girando un ángulo de 90 grados para situarlas a lo largo del río Queiles, entre Tarazona y Tudela y destacando una división en Ágreda para cubrir su retaguardia y comunicación con Madrid.

Ese mismo día, ante el peligro inminente Castaños escribe a O"Neille, pidiéndole que fuese a Tudela inmediatamente, para evitar que los franceses les envolviesen. O"Neille contestó que tenía orden de Palafox de permanecer en su sitio. Las diferencias de planteamiento iban a provocar el desastre que finalmente ocurrió. Castaños sin poder contar con las tropas de Palafox, solamente disponía de 26.000 hombres que ese mismo día 22 se distribuían entre Tudela y Tarazona, aunque siendo tan amplio este despliegue, le quedaron huecos y lomas sin cubrir que fue precisamente por donde atacaron los franceses. Palafox continuaba tratando de imponer su plan ofensivo: atacar a Moncey por la izquierda del Ebro, así como considerar la defensa de Zaragoza como la principal misión de ambos ejércitos, dando orden de que el ejército aragonés no se moviese. Estas diferencias y el que la Junta de Defensa no le diese hasta última hora el mando único a Castaños, fue fatal para esta batalla y para España, ya que a Palafox lo único que en su fuero interno le interesaba y trataba de defender era Zaragoza.

Derrota de los españoles

Previendo el desastre, Castaños convocó el día 22 un Consejo de Guerra en Tudela, al que acudieron José Palafox, su hermano Francisco como representante de la Junta Nacional, más el general Coupigny, y un observador inglés.

En esta reunión se manifestaron con claridad las diferencias entre ambos generales y los celos del aragonés hacia Castaños. Palafox siguió oponiéndose al plan de Castaños, aun cuando en esa misma reunión les fue notificado que el general Lannes estaba a tres leguas de Tudela. Palafox sostuvo que él no veía pertinente que su ejército ayudase al de Castaños, sino preservarlo para la defensa de Aragón. Tras tensas discusiones, por votación prevaleció la idea de Castaños. Palafox, enfadado, nada más concluir la reunión, herido en su orgullo y furioso, abandonó a su ejército y la batalla, saliendo a caballo hacia el Bocal, para embarcarse en una barcaza hacia Zaragoza.

Las tropas de O"Neille y Saint-March, hasta entonces a las órdenes de Palafox, comenzaron a incorporarse y cruzaron el Ebro la mañana del 23 a las ocho de la mañana, cuando ya los franceses estaban atacando, sin tiempo para cubrir los puntos de defensa que a lo largo del río Queiles dejaban las tropas de Palafox.

La batalla más importante que se ha dado a lo largo de la historia en suelo navarro, comenzaba mal, debido a que Palafox que no era militar, por orgullo y por querer defender su planteamiento, obcecado por la defensa de Zaragoza, no admitió a Castaños como jefe y esto produjo que el ejército español no estuviese preparado cuando atacaron los franceses, que en unas pocas horas se hicieron dueños de la situación.

Fue sin duda una batalla de la que se esperaba mucho y la que más rápidamente resolvieron los franceses a su favor de todas las importantes que se dieron en suelo español.


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