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SOCIEDAD

"Sigo pensando en ayudar a mi país"

"Dedico el tiempo a hacer el bien en vez de estar de brazos cruzados", dice el argelino Mohamed

Actualizada Sábado, 22 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • MARTÍN RUIZ. . PAMPLONA.

NO se puede mirar para otro lado", dice muy seguro Stephen Ankomah, de 40 años. Este nuevo navarro originario de Wenchi (Ghana), que lleva 6 años en la Comunidad foral, se niega a encajar las grandes fracturas del mundo como si tal cosa.

Su corpulencia física resulta de gran ayuda, cuando se acerca casi a diario varias horas hasta las Casas de Puig, en Echavacoiz. Ahí, varias naves albergan mesas, sillas, ordenadores antiguos, instrumental médico, ropa, bicicletas, pañales, alimentos no perecederos y todo tipo de utensilios donados desde el primer mundo, para ser utilizados donde más falta hacen. "Sigo pensando en ayudar a mi país. El año pasado mandamos libros, impresoras, ropa, balones, generadores eléctricos y hasta una ambulancia y 12 palets con potitos para niños", apunta satisfecho Stephen.

"Aunque aquí estemos más o menos bien, no podemos olvidarnos de quien está peor", asevera. "Todos somos responsables, los unos de los otros. Todos somos iguales, y somos seres humanos y encima estamos de paso".

A su lado, asiente Blas Blanco Muñoz, pamplonés de 66 años, que regentaba hasta hace un año un comercio de autoservicio. "Tengo un hijo que trabaja en una ONG y cuando me jubilé me dije: quiero dedicar mi tiempo libre a alguna ONG de orientación cristiana", explica. Así que, ni corto ni perezoso, desde hace un año invierte cuatro horas del día a "ayudar a la gente". Pero "el primero a quien ayudo es a mí mismo", asegura. "No puede ser que pases de trabajar once horas diarias a ninguna, de un día para otro. Necesitaba seguir activo, y encima lo paso estupendamente".

Voluntarios jubilados

"Lo que no puede ser es que estés con la tripa llena mientras que tu hermano está pasando hambre", coincide por su parte el argelino Moussaoui Mohamed, de 35 años. Los tres son voluntarios de la ONG de los padres salesianos Jóvenes del Tercer Mundo.

Junto a ellos ha colaborado de manera algo más intermitente medio centenar de personas, la mayoría como Blas Blanco, jubilados con mucho tiempo libre. El resultado ha sido que han mandado en los últimos cuatro años desde Navarra miles de toneladas a países en vías de desarrollo. Tan sólo en lo que se lleva de 2008 se han enviado 39 contenedores, cuyo peso conjunto superó las 700 toneladas de "ayuda real". "Nuestro lema es lo que a unos nos sobra, a otros les falta", explica Esteban Puig Montanyá, empresario jubilado, filántropo activo y propietario de las naves donde se almacena el género que después viaja a más de una quincena de países necesitados.

Entre las naciones beneficiarias en África están Ghana, Senegal, Togo, Benin, República Centroafricana, El Congo, Guinea Konakri, Camerún, Guinea Ecuatorial, Kenia y Zinbabwe, en Latinoamérica se envía con frecuencia ayuda a los más necesitados de Perú, República Dominicana, Bolivia, Uruguay, Ecuador, etc.

"Nuestro trabajo consiste en recoger lo que nos donan, organizarlo y meterlo en contenedores para mandarlo a donde haga falta, donde se distribuye donde más falta hace a través de alguna misión salesiana o de cooperantes navarros", explica Puig.


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