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TERRORISMO

Desde la "kale borroka"

Desde 2006, Txeroki ha instruido en el manejo de armas y explosivos a los "comandos" etarras

Actualizada Martes, 18 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • L. FIERRO . COLPISA. MADRID.

MIKEL Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki, nació en Bilbao el 6 de julio de 1973. Su trayectoria en la organización es meteórica. Se curtió en las estructuras de terrorismo callejero, y expertos antiterroristas aseguran que ya entonces despuntó entre sus iguales gracias a su carácter violento. De aquella época son los apodos de Txeroki ó Arrano o El Indio que le atribuyen las fuerzas de seguridad.

Desde esas estructuras de kale borroka, en las que se integró mientras estudiaba Educación Física y trabajaba en un bar de Bilbao, se opuso a la tregua de 1998-1999. Cuando ésta llegó a su fin, entró en la banda como colaborador del comando Vizcaya, que resultó desarticulado en enero de 2000. Txeroki fue uno de los encargados de su reconstrucción, y las fuerzas de seguridad le sitúan en al menos dos atentados. Su primera acción terrorista fue el asesinato del magistrado José María Lidón en noviembre de 2001. También participó en el atentado con bomba lapa que en febrero de 2002 mutiló al dirigente de las juventudes socialistas vascas Eduardo Madina.

Monitor de pistoleros

En la primavera de aquel año recibe permiso para establecerse en Francia, cerca además del entonces jefe de ETA, Mikel Albizu Antza, y de su compañera Soledad Iparraguirre Anboto, que le encomienda la misión de formar a los nuevos pistoleros.

Reúne buenas condiciones para ello: es un buen tirador, se maneja bien en la confección de artefactos explosivos y, según los cánones etarras, es un experto en nuevas tecnologías.

Desde ese puesto, se hizo con el control absoluto de los comandos operativos. Cuando en diciembre de 2003 cae Gorka Palacios Alday, su ascenso a la condición de jefe militar de ETA es inevitable: no había otro. Meses después caen Antza y Anboto, y a su nivel sólo queda el veterano Francisco Javier López Peña, Thierry, jefe político de la banda, con el que nunca mantuvo buenas relaciones.

El relato de los expertos antiterroristas se resume fácil: Txeroki se opuso a la tregua de 2005 y, dado que el aparato político no atendía a sus razones, la dinamitó en diciembre de 2006 con un coche bomba en la T-4 del aeropuerto de Barajas que sepultó a dos ciudadanos ecuatorianos.

En los últimos años, todas las vías etarras conducían a Txeroki porque no había otras. Convirtió cada comando en un ente estanco que le tenía a él mismo como único vínculo con la banda: adiestraba a los terroristas; les daba consejos y órdenes; en muchos casos, también armamento y material explosivo para cada atentado. Según unos, porque era su sistema para evitar filtraciones, fugas y caídas en "cascada"; según otros, porque ETA se ha quedado sin estructuras intermedias.

Presencia en Capbreton

Fue el jefe militar que más tiempo aguantó en el puesto en las dos últimas décadas. Todos los comandos capturados en el último lustro ofrecen la misma fotografía: todo empezaba y acababa en Txeroki, que acompañaba hasta la frontera a los taldes que iban a instalarse en España, o les recogía cuando volvían a territorio francés para rendir cuentas, recibir nuevas instrucciones o escapar del acoso policial.

Esa costumbre explicaría su presencia en Capbreton el 1 de diciembre de 2007. Según los integrantes del comando Nafarroa recién desarticulado, Txeroki les confesó que él asesinó a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero. Las fuerzas de Seguridad tienen dudas: ningún testigo le reconoció y pudo mentir a los novatos para ganarse su máximo respeto, pero refleja el carácter violento de Aspiazu y su estrategia para hacerse con el control absoluto de ETA.


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