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Obama y sus asesores comienzan a precisar los detalles de la etapa de transición

"No tenemos un momento que perder" es el nuevo lema del equipo de Obama, que no desea experimentar el mismo descontrol de su predecesor demócrata

Actualizada Sábado, 15 de noviembre de 2008 - 12:58 h.
  • AGENCIAS. Madrid

Según todas las estimaciones, el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, se enfrentará a uno de los panoramas más complejos jamás abordados por un presidente de Estados Unidos desde que Franklin Delano Roosevelt asumiera el cargo en 1933, en mitad de la crisis económica provocada por el crack del 29. Ante esta situación, Obama está preparando desde este momento, uno de los más formidables equipos de transición con objeto de abordar, de forma clara y precisa, los múltiples y formidables desafíos a los que se enfrenta su nueva administración.

Por este motivo, no sólo ha reservado un amplio espacio de oficinas en el centro de Washington, donde se instalará su equipo de preparación, sino que ha coordinado con la administración Bush un plan para facilitar su asunción del cargo, y evitar un difícil primer año de transición como el que tuvo que afrontar Bill Clinton.

"No tenemos un momento que perder" es el nuevo lema del equipo de Obama, que no desea experimentar el mismo descontrol de su predecesor demócrata, quien no realizó nombramiento alguno en su equipo hasta mediados de diciembre. Obama, por el contrario, sólo tardó dos días en divulgar el nombre de su futuro jefe de gabinete, Rahm Emmanuel.

John Podesta, antiguo jefe de Gabinete de Clinton, entiende y apoya la actitud de Obama. Considerado uno de los mayores expertos de Washington en organización interna, Podesta, ahora copresidente del equipo de transición del presidente electo, indicó que Obama "entiende que para tener éxito, hay que estar preparado, y tiene que prepararse rápidamente".

Espacio de trabajo

En este sentido, el presidente electo ha dado orden de comenzar a utilizar los 11.000 metros cuadrados de oficinas que ha alquilado en el centro de Washington, donde tienen previsto alojarse cerca de 450 trabajadores, y en el que se contará con un presupuesto de 12 millones de dólares.

El objetivo de esta operación, en palabras de la copresidenta del equipo de transición, Valerie Jarrett, es "transmitir al pueblo americano un sentido de la organización, de la eficiencia, de la disciplina y la transparencia".

Y de momento, el juego de poder en Washington es más activo que nunca, mientras decenas de nombres comienzan a sonar como posibles candidatos a un puesto en la administración Obama, que está buscando cerca de 300 secretarios de gabinete y a más de 2.500 nominados políticos a los que no les hace falta la aprobación del Senado. Candidatos no van a faltar: en los primeros cinco días, la página web de Obama, Change.gov, recibió más de 144.000 currículums.

Con Bush

Obama también cuenta con ayuda dentro de la Casa Blanca. El magacín 'Time' calificó de "extraordinarios" los esfuerzos realizados por la administración Bush. El actual ocupante del cargo ejerció de anfitrión en la visita de la próxima Primera Familia a la Casa Blanca el pasado 10 de noviembre, mientras Podesta se reunía con el actual ocupante de la Jefatura del Gabinete de la Casa Blanca, Josh Bolten, quien aconsejó la línea a seguir para facilitar la transición de poderes.

Entre otras medidas, los ayudantes más cercanos a Obama ya tienen garantizado más de un centenar de claves de seguridad que les permitirán acceder a los documentos necesarios para desempeñar su labor.

"Si hay una crisis el 21 de enero --es decir, el día siguiente a la confirmación de Obama como presidente de EEUU--, son ellos los que van a tener que ocuparse de ella", declaró Bolten en una entrevista concedida a C-SPAN. "Y tenemos que asegurarnos de que están lo mejor preparados posible", añadió.

Transición personal

Obama y su familia viven, de momento y hasta el día de la inauguración, en su domicilio de Hyde Park. La vivienda, no obstante, se ha convertido en poco menos que una fortaleza. Tras dos años de discursos, viajes y mítines, Obama ha decidido aprovechar los pocos momentos de privacidad que le quedan antes de asumir el cargo, y sólo se le puede ver, de vez en cuando, mientras acompaña a sus hijas al colegio o acude a entrenar al gimnasio de un amigo suyo. Porque a partir del día 20 de enero, todo ello va a cambiar.

"Es una transición personal tremenda, y va mucho más allá de lo que cualquiera pueda imaginar", declaró el tesorero del estado de Illinois y amigo íntimo de Obama, Alexi Giannoulias. "Me refiero a las pequeñas cosas... ir al cine, cenar con su esposa, ir al gimnasio... nada volverá a ser lo mismo, en estos detalles que solemos dar por supuestos", indicó al diario estadounidense 'The New York Times'.

Obama no tiene pensado permanecer mucho tiempo en Washington, y ha dejado claro que desea quedarse en Chicago cuanto más, mejor. De hecho, su visita a la Casa Blanca sólo se prolongó durante un espacio de cuatro horas antes de regresar a su ciudad natal. Y sus amigos cercanos coinciden es que su intención es pasar el mayor tiempo posible con su familia antes de mudarse al 1600 de la Avenida Pensilvania.

Pero estas consideraciones personales parecen coincidir con los intereses políticos. Si Obama se queda en Chicago, le resultará mucho más fácil evitar verse arrastrado en las decisiones restantes que pueda adoptar la administración saliente. Además, acentuará la sensación de "cambio" cuando regrese a Washington como presidente de los Estados Unidos. Por ello, no estará presente ni en la cumbre económica del G20, ni en la sesión del Congreso de la semana próxima, bastante testimonial, y en la que terminan su andadura muchos legisladores que ya no renuevan cargo y a los que se le conoce como "patos con escayola".

No obstante, ni siquiera Obama puede negar que su vida está cambiando diametralmente. Todavía no tiene acceso al Air Force One (el avión presidencial) pero ya viaja en una limusina acorazada acompañada del pertinente servicio de seguridad motorizado, por calles despejadas de tráfico y, ya en su domicilio, cuenta con un perímetro de seguridad que abarca gran parte de su barrio.

Para Obama, ello significa que gran parte de la rutina asumida durante su etapa como senador ha llegado a su fin. Se acabó comer en el restaurante Valois o comprar libros con las niñas en la tienda habitual de la calle 57. Sí que reservó un día para llevar a su mujer a cenar al conocido restaurante Spiaggia, donde se cocinan los mejores escalopes de la ciudad, según los entendidos.

"Creo que echará muchas cosas de menos, pero ese es el precio de la fama", declaró su barbero de toda la vida, Zariff, quien ahora debe desplazarse al lugar donde se encuentra Obama, que le sigue pagando los 21 dólares habituales por sus servicios. "Al entrar, le llamé 'señor presidente', y se echó a reír", recuerda Zariff, quien no obstante reconoció que algo ha cambiado.

"Ahora aparenta un aspecto más presidencial, y camina de manera un poco distinta", indicó el barbero, reconociendo que el senador por Illinois comienza una etapa nueva, y que cambiará sus hábitos personales hasta más allá de los cuatro u ocho años --dependiendo de la siempre voluble voluntad de los estadounidenses-- que permanezca en su nuevo domicilio.


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