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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Cuatro italianos y un tenor

Actualizada Jueves, 13 de noviembre de 2008 - 04:00 h.

P ROGRAMA italiano y director italiano. Partituras que van de 1880, la misa de Puccini -entonces joven organista de 21 años en su ciudad, Lucca-, a 1954, la de Dallapiccola. Estética y aun caligrafías bien distintas. Digo caligrafía, porque cuando Puccini presentó su manuscrito de "Le Villi" al concurso convocado por Edoardo Sanzogno, se lo rechazaron con la recomendación de que estudiase caligrafía y composición.

Tuvo en cuenta el segundo consejo, indudablemente oportuno, pero no el primero. De hecho, ese autógrafo ha servido para suponer que el jurado no se tomó la molestia de leer el original. Aquel rechazo le sirvió a Puccini para contar, gracias a una figura influyente, Arrigo Boito -libretista de Verdi y él mismo exitoso autor operístico-, que hizo estrenar "Le Villi" en 1884 en el milanés Teatro dal Verme y facilitó al joven músico un editor, rival de Sanzogno, Ricordi. Puccini fue fiel a Ricordi y esta casa publicó esa misa, por vez primera en 1951. En su fondo sigue.

La misa, escrita para la fiesta patronal de San Paolino -también protector celestial de las campanas de iglesia-, se estrenó el 12 de julio de 1880. Que se sepa, no volvió a sonar hasta 1952. Es de Puccini, quiero decir que Puccini está ya ahí, pero si la partitura no respondiera a su gloriosa firma, podemos estar seguros de que las hojas pautadas seguirían mudas en el polvo del archivo, como sucede con otros muchos miles y no sólo en Europa. Cierto es que, por ejemplo, el "Gratias agimus" del "Gloria" hace presentir el Des Grieux de "Manon Lescaut" o el Rodolfo de "La Bohème" y que aparecen audacias armónicas precoces -Mosco Carner observó hace ya muchos años que las quintas paralelas y ocultas son anteriores a las de Debussy, miliares en la historia de la armonía-, pero si no la hubiera grabado, en 1985, Claudio Scimone con José Carreras y Hermann Prey, la obra no habría salido de los estrictos círculos puccinímanos. De hecho, el mismo sello discográfico había publicado catorce años antes otra versión, dirigida por Michel Corboz, y nadie la recuerda, aunque no desmerezca al lado de la de Scimone. Ah, el tirón y fama de los cantantes!

Allemandi, que por sus gestos y maneras parece más director de foso que de podio, sacó adelante una versión digna y equilibrada, con un coro seguro, dúctil y paciente -hay que serlo en grado heroico para pechar con un "Credo" insulso, después de un "Gloria" desmesurado y ambicioso- y unos solos de los que cabe resaltar, y no por simpatía paisana, al tenor azagrés, cuyo tipo vocal encaja bien en esta misa.

Las "Variazioni" de Dallapiccola, raras en sala de concierto, quedan pálidas e inanes entre Puccini y Respighi. Anteayer, por lo que oí en el Auditorio y fuera de él, no debieron ser muchos los que apreciaron su interés técnico y menos aún el musical. No son fáciles de oír, aun en versión correcta, como la escuchada.

Las estampas romanas de Respighi resultan brillantes, y más si la orquesta se entrega, como sucedió. Interpretación arrebatada, cuyo mejor número fue el segundo, intenso y grave, pero no oscuro ni pesante. "Pini" de efecto seguro, ruiseñores incluidos.


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