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CULTURA Y SOCIEDAD

Merkel recuerda el inicio del Holocausto llamando a combatir la indiferencia

Benedicto XVI reclama que este recuerdo sirva "para asegurarse de que tales horrores no se repitan jamás"

Actualizada Lunes, 10 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • AGENCIAS. BERLÍN/ROMA .

Alemania recordó ayer con numerosos actos el 70 aniversario de la llamada Noche de los Cristales Rotos, que dio inicio a la persecución y exterminio de los judíos de Europa durante el nazismo, mientras en el Vaticano el Papa manifestó su solidaridad con el pueblo judío.

En el acto central celebrado en la sinagoga de la Rykestrasse en Berlín, la jefa de gobierno germana, Angela Merkel, instó a sus compatriotas a no permanecer indiferentes ante las manifestaciones de antisemitismo. "La indiferencia es el primer paso para poner en peligro los valores esenciales", destacó la mandataria en un discurso pronunciado en la mayor sinagoga de del país.

Merkel dijo que nadie puede permanecer callado cuando es golpeado en plena calle un rabino -como ocurrió el año pasado en Fráncfort- o cuando es profanado un cementerio judío. "Es un error pensar que a uno no lo afecta cuando los afectados son los vecinos. Este error nos lleva más y más hacia el mal".

Puerta abierta a la catástrofe

"Los pogromos no fueron el primer capítulo del antisemitismo nazi, pero abrieron la puerta a la catástrofe de las catástrofes", dijo Merkel. "Esa noche ardieron las sinagogas, luego ardió toda Alemania, luego toda Europa", prosiguió. Merkel llamó a no caer en el error de ayer y a no callar ahora ante otras formas de antisemitismo.

La gran vergüenza del ciudadano entonces fue "no alzar un grito" mientras arrancaban de su hogar al vecino judío, al comunista, al socialdemócrata o al gitano, "porque creía que la cosa no iba con ellos". Lo sería ahora no hacerlo ante quienes "amenazan la existencia de Israel", afirmó.

"La xenofobia, el racismo y el antisemitismo no deben tener nunca más cabida en Europa", dijo, y eso debe ser extensivo también al mundo árabe y otras partes del planeta.

Desde el Vaticano, el papa Benedicto XVI instó tras el tradicional rezo del Angelus expresamente a proscribir el antisemitismo y la discriminación en todas sus formas. El pontífice alemán añadió que el recuerdo de aquella noche de hace 70 años aún hoy le causa dolor y expresó su "profunda solidaridad con el mundo judío". Benedicto, nacido en Baviera en 1927, expresó "el dolor que todavía se siente hoy por estos terribles eventos" y cuya "memoria debe servir para asegurarse de que tales horrores no se repitan jamás, mientras se lucha, a todos los niveles, contra todas las formas de antisemitismo y discriminación".

En Israel, el primer ministro, Ehud Olmert, también se unió a la conmemoración, para recordar: "A lo largo del tiempo, nos hemos asegurado que una cosa como esa no vuelva a ocurrir jamás al pueblo judío".

Merkel evocó los pogromos del 9 de noviembre de 1938 como "la noche que representa el inicio de la Shoa" (Holocausto), mientras la presidenta del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Charlotte Knobloch recordó su experiencia, como niña de seis años en Múnich.

El temor que continúa

"El temor a recorrer esas calles de comercios devastados, de la mano de mi padre, me acompañó toda mi vida", dijo. "El miedo sigue ahí", añadió, sea por los recuerdos o ante el envalentonamiento de los neonazis, ante los que Alemania no puede "bajar la guardia".

Merkel y Knobloch trazaron una parábola del horror del Tercer Reich al antisemitismo actual desde la sinagoga de la Rykestrasse, la mayor de Alemania. Al igual que casi todos los templos judíos fue incendiada en los pogromos. Las llamas no la destruyeron, pero los nazis la degradaron a la función de establo para los caballos.

Los pogromos de 1938 siguen avergonzando a la Alemania actual, porque simbolizan el inicio de una persecución que desencadenó un Holocausto cifrado en seis millones de judíos muertos.

La dictadura justificó los ataques como un arranque espontáneo de violencia popular en respuesta al asesinato de Ernst vom Rath, un oficial de bajo rango en la embajada alemana en París, que murió el 9 de noviembre a causa de los disparos de Herschel Grynszpan, un judío polaco de 17 años. Las razones de Grynszpan para dispararle (parece que buscaba a cualquier empleado de la embajada )se desconocen, aunque se especula con la posibilidad de que estuviera furioso por la deportación de su familia desde Alemania a Polonia.

El nombre de Noche de los Cristales Rotos (en alemán Reichskristallnacht, noche de los cristales del Reich) hacía referencia a los miles de escaparates rotos durante los disturbios, que dejaron el suelo cubierto de cristal.


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