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MEDALLA DE ORO AL MÉRITO DEPORTIVO PARA IÑAKI OCHOA DE OLZA Y SU EQUIPO DE RESCATE

Y Mingma Dorgi ayudó a hacer la cena...

Era el cocinero de Iñaki, uno de sus grandes amigos en Nepal. Y ayer, en una cena informal tras el acto, él quiso cocinar un plato típico nepalí. Fue el punto final a una jornada intensa, en una semana inolvidable y llena de sorpresas para el grupo de sherpas

Actualizada Jueves, 6 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • J.J. IMBULUZQUETA . PAMPLONA

SUELEN ser los grandes olvidados a la hora de narrar las gestas de las grandes expediciones en el Himalaya. Y eso, pese a que su labor suele ser fundamental para que se den los éxitos de sus clientes. Los sherpas, los porteadores nepalíes, cargan, fijan cuerda, cocinan, derriten el agua para que beban sus clientes y realizan una labor oscura muy exigente y sacrificada. Y pocas veces son reconocidos públicamente.

Incluso, a veces, son ignorados para dar más valor a su actividad. Es su trabajo, su forma de vida, la forma de dar comida y futuro a sus familias. Iñaki Ochoa de Olza lo sabía. Él evitaba contratarlos para tareas de altura por su forma de ver la montaña, pero se relacionaba y contaba con ellos en otras tareas. Siempre, de tú a tú. "Yo también soy un obrero de la montaña", llegó a decir el navarro cuando, durante unas temporadas, trabajó como guía para expediciones comerciales. Se granjeó su amistad, su respeto y casi era ya como uno más. "Hasta hablaba muy bien el nepalí", aseguraba ayer Nima Nuru Sherpa, dueño de la agencia Cho Oyu Trekking. Los sherpas eran sus amigos y su familia en Nepal, país que era la segunda casa del navarro y en la que pasaba casi más tiempo al año que en Pamplona.

"Ellos están acostumbrados a estar con turistas, sus clientes, pero no a ser ellos los turistas y ser tratados como tal", aseguraba Pablo Ochoa de Olza, en referencia a la semana que están viviendo la media docena de sherpas que fueron ayer galardonados. Sólo dos de ellos habían salido de Nepal. Sólo Nima Nuru conocía Europa. Por eso es muy difícil de explicar, aún más ponerse en su piel con la concepción occidental y consumista de nuestra sociedad, lo que han vivido estos días de la mano de familiares, miembros de Arena Comunicación y del Gobierno de Navarra.

Una semana que no esperaban y que dificilmente olvidarán. Han sido tratados con la misma hospitalidad que ellos tienen con sus clientes europeos, han comprobado una sociedad radicalmente distinta a la suya, el placer de comer en una sidrería, han descubierto incluso qué es el mar, que existe un deporte que se llama pelota o que, sí, que la historia de correr delante de los toros que habían oido a Iñaki alguna vez no era broma. Que se celebra y que Iñaki la solía correr. "Yo no lo haría, suena muy peligroso", apuntaba Mingma Sherpa a escasos metros de la cuesta de Santo Domingo durante un paseo que, junto al resto de premiados (sólo faltó Horia Colibasanu), dieron ayer para ver Pamplona.

Precisamente él -tímido, callado, amable y muy perspicaz- fue el gran protagonista ayer. Cocinero habitual de Ochoa de Olza en sus expediciones, confidente y amigo (fue su único acompañante durante una expedición en solitario al Shisha Pangma del navarro), quiso colaborar en la cena informal que, con amigos y familiares, se organizó tras el acto oficial en una sociedad pamplonesa. Hizo un plato típico de Nepal y, para ello, compró en el Mercado del Segundo Ensanche.

Fue todo una experiencia para ellos, abrumados por la variedad de oferta. "Llevo muchos años con extranjeros, pero no espera que esto fuera ni la mitad de lo que es", decía Ongchu Sherpa, sin parar de decir "es tan diferente a Nepal..." y juntar sus manos, con una breve inclinación de cabeza, en un tradicional gesto de agradecimiento o saludo. Tras comprar lo necesario (arroz, carne, picante, harina, verduras...), se unieron al resto de galardonados para ver Pamplona. Tomaron un pincho, vieron las calles del encierro, el monte San Cristóbal -"¿cuánto mide?", preguntaron casi al instante- o se fotografiaron -con cámaras de carrete y arrastre manual- ante el Ayuntamiento. Estaban disfrutando. Y eso, sin duda, a Iñaki le hubiera encantado.


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