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FERNANDO MACARRO CASTILLO

"En la cárcel me formé como hombre"

"Soy un privilegiado, ahora recorro el mundo entre los aplausos y el cariño de la gente"

Actualizada Jueves, 6 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

VEINTITRÉS años en las cárceles franquistas. Es decir, toda la juventud y la mitad de su vida, desde 1939 hasta 1961. "Elegí la vida dura pero noble de un revolucionario". A sus 88 años, Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana (seudónimo creado con los nombres de sus padres), ha recopilado sus vivencias en Decidme cómo es un árbol,un libro "limpio de odio, un canto a la convivencia y la esperanza".

Insiste en que lo ha escrito pensando en los jóvenes. "El mejor legado que les podemos dejar a las generaciones futuras es que conozcan bien la historia de España". Ayer, un grupo de alumnos de la Universidad Pública de Navarra escucharon sus reflexiones a raíz de la presentación del libro, por el que incluso ha recibido felicitaciones de personas "conservadoras y de derechas".

Durante la presentación, que se celebró en el Aulario, el profesor Eduardo Lacasta escogió una frase de Marcos Ana: "No hay que confundir la amnistía con la amnesia ni la venganza con la justicia".

El paso de Marcos Ana por la prisión conllevó torturas y dos condenas a muerte, lo que no impidió que continuara adelante con su propio proyecto. "En la cárcel conocí la fraternidad humana y allí me formé como hombre y como poeta. No veo la cárcel como una pesadilla, sino como una etapa más de mi vida". Allí coincidió con el poeta Miguel Hernández y cultivó su afición a la lectura y a la poesía.

Marcos Ana decidió ingresar en el Partido Comunista el mismo día en que su padre murió en un bombardeo alemán, el 8 de enero de 1937. Trabajó como comisario político y participó en la batalla de Madrid.

En 1939, antes del cerco a la capital, consiguió huir y se refugió en Alicante, pero le detuvieron. Después le llevaron al campo de concentración de Albatera, de donde logró escapar. Nuevamente detenido, fue torturado y condenado a muerte. "Sólo con lo que vive un condenado a muerte durante una sola noche se podría escribir un libro", señala. El suyo, Decidme cómo es un árbol, es el primer verso de un poema cuya escritura fue interrumpida al escuchar los pasos de un guardián. Ayer lo recitó de memoria: "Sólo queda esta fosa,/ la luz de una cerradura,/ y la canción de mis losas!". En su libro no menciona los nombres de sus torturadores. "Algunos están vivos, tendrán sus hijos y nietos".

Marcos Ana también reconoció las "atrocidades" que se cometieron en la zona republicana: "Se nos fueron de las manos muchas cosas". Como la toma de un convento a cuyas monjas se les sometió a toda clase de vejaciones, hasta que intervino Dolores Ibarruri, la Pasionaria, para liberarlas. Agradecidas, cinco de ellas acudieron al comité central del Partido Comunista para llevarle un ramo de flores a Pasionaria.

Nacer a los 42 años

Marcos Ana considera que nació a los 42 años, al salir de la cárcel. "Mi proceso de adaptación a la vida fue lo más difícil". Le afectó incluso físicamente. Acostumbrado al espacio vertical de la cárcel, su nervio óptico fue perdiendo facultades. "Cuando salía al campo, me mareaba, como si me pusieran unas gafas que no fuesen mías".

A sus 88 años, Marcos Ana ya ha recibido su recompensa: "Recorrer el mundo entre los aplausos y el cariño de la gente". En los últimos seis meses, ha viajado por ocho países de América Latina, deteniéndose especialmente en el Cono Sur, donde la memoria de una dictadura aún permanece fresca. También ha pisado Palestina y el Sáhara. "Soy un privilegiado, ahora soy recibido por universidades y jefes de Estado", asegura. Cada día recibe medio centenar de correos electrónicos. "También me escriben jóvenes que no están politizados".

Precisamente, el segundo lugar en el que presentó su libro fue Burgos, en cuyo penal permaneció 16 años. Fue el propio ayuntamiento quien organizó el acto. Una concejala del PP entregó un ramo de 23 rosas a Marcos Ana: siete rosas rojas por los años que permaneció condenado a muerte y 16 rosas blancas por los años de prisión en Burgos.


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