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GONZALO MIRÓ PRESENTADOR

"No voy a pedir disculpas a nadie por apellidarme Miró"

Reconoce que ser hijo de Pilar Miró le ha abierto muchas puertas, pero el peso del apellido le ha convertido en el blanco perfecto de las críticas. Desde 2006 presenta "Las mañanas de Cuatro" junto a su gran valedora Concha García Campoy.

Actualizada Miércoles, 5 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • DIEGO CARASUSÁN . TUDELA

Afirma que, desde que en 2006 debutó en televisión en "Las mañanas de Cuatro", no ha parado de aprender. Concha García Campoy le dio la oportunidad de presentar junto a ella este magacín, y ahí se mantiene, "cada vez más cómodo y seguro". Durante estos dos años, a Gonzalo Miró (Madrid, 1981) le han llovido críticas de todo tipo. Acepta las constructivas y hace oídos sordos a "las sangrientas".

Famoso desde su nacimiento, ahora está al otro lado de la trinchera de la prensa rosa, llegando incluso a presentar noticias en las que él es protagonista. Miró no rechaza este tipo de periodismo, pero pide a la Justicia que determine claramente la línea que debe separar el derecho a la información y el respeto a la intimidad. El pasado fin de semana, Miró estuvo en Tudela como miembro del jurado del 9º Festival de Cine Opera Prima.

Ya han pasado dos años desde su debut en televisión, pero las críticas no cesan.

Y no cesarán mientras den dinero y audiencia a quien las realiza. Todas las críticas que hablan de enchufismo eran previsibles, pero hay algunas que son demasiado sangrientas y no merece la pena contestar. Afortunadamente, hay otras que son constructivas, sobre todo las de Concha García Campoy, que me han servido para mejorar.

Es que ese apellido pesa mucho.

Ser el hijo de quien soy me ha ayudado a conseguir cosas en determinados sitios. Me ha sido más fácil llegar que si hubiera sido un desconocido, pero luego hay que soportar las críticas de las que hablamos. Yo no me cambio por nadie y, por supuesto, lo que no voy a hacer es pedir perdón por apellidarme Miró.

Hasta ahora era objeto de las cámaras por ser famoso y, ahora, también por ser presentador. ¿No se cansa de estar siempre delante de los focos?

Recuerdo que, con 5 ó 6 años, tenía que correr por los aeropuertos de la mano de mi madre para que no nos fotografiaran. Esa experiencia delante de las cámaras me hace más llevadera la presión que supone ponerse delante de los focos, pero nunca terminas por acostumbrarte del todo.

¿Cómo se siente ahora al otro lado de la trinchera de la prensa rosa?

Nunca he estado en contra de la prensa del corazón, siempre y cuando se sepa diferenciar entre el derecho a la información y el de la intimidad de las personas. Nunca me ha molestado salir a la calle y que haya alguien esperándome para meterme el micrófono. El problema viene cuando, vayas a dónde vayas, tienes 6 coches detrás persiguiéndote como si fueras un delincuente.

Alguna vez le ha tocado presentar una noticia que le afecta personalmente por su relación sentimental con Eugenia Martínez de Irujo. ¿Cómo se gestiona esa situación?

Hace dos semanas, la Reina Sofía se reunió con la Duquesa de Alba y el tema salió en el programa. Concha no estaba y me tocaba a mí dirigir el debate entre los colaboradores. En ese momento, di mis impresiones sobre la reunión, ya que pensé que era lo más honesto. No tiene mucho sentido que pregunte sobre esa reunión a alguien cuando todo el mundo sabe que yo conozco la respuesta perfectamente. Me pareció que, si hacía eso, estaba tomando el pelo a nuestros espectadores, y por ello decidí hablar sobre el tema sin que nadie me preguntara. Lo importante, como todo, es saber establecer el límite.

¿Y quién debe fijar ese límite?

Estoy convencido de que la Justicia debe ser la encargada de establecer la línea entre información e intimidad.

¿Y la audiencia no actúa como "juez" apagando el televisor?

Antes de trabajar en televisión, pensaba que la culpa la tenían los responsables de las cadenas. Ahora, sigo pensando que ellos tienen su cuota de responsabilidad, pero a los espectadores hay cosas que nos les interesan, es así de claro y así de triste. En el programa hemos tratado temas muy interesantes y la audiencia no ha respondido. En cambio, cuando hay un debate sobre la Pantoja y Julián Muñoz, los datos se disparan. La triste realidad es que, si no tienes audiencia, no tienes sitio en la parrilla.

¿Ha sido el cierre de "Aquí hay tomate" el punto de inflexión que se esperaba para terminar con este tipo de prensa?

Su cierre se debió a una "sobredosis de corazoneo". A todas las horas del día se trataban los mismos temas, exprimiendo al máximo cada cotilleo. El "Tomate" se acabó, pero no creo que la telebasura haya llegado a su fin.


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