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John McCain, el jugador de dados que perdió su apuesta por la presidencia

Supo sobreponerse a los difíciles comienzos de la carrera presidencial y terminó siendo el candidato republicano

Actualizada Miércoles, 5 de noviembre de 2008 - 05:40 h.
  • AGENCIAS. Washington (EE UU)

John McCain es un asiduo jugador al que le gusta apostarlo todo a un golpe de dados, pero esta noche ha perdido la partida de su vida, la presidencia de EEUU. McCain ya se había presentado a las elecciones de 2000, que perdió en las primarias frente a George W. Bush tras una sucia campaña de insinuaciones raciales.

Otros hubieran quedado demasiado desencantados como para volver a intentarlo, pero el senador por Arizona optó por tirarse al ruedo de nuevo en estas elecciones con un mensaje de inconformismo y una actitud de optimismo testarudo.

A priori, la probabilidad de que los dados salieran de cara parecían complicadas. Tras ocho años de mandato de George W. Bush, dos guerras abiertas y la economía en retroceso, las encuestas indicaban una aversión generalizada a todo lo que oliera a republicano.

A ello había que añadir la avanzada edad de McCain, 72 años, y su apoyo a la guerra en Irak y al envío de más tropas al país árabe, una medida muy impopular el año pasado cuando empezaban a gestarse estas elecciones.

Pero, como todo buen jugador sabe, a menores probabilidades mayores son las ganancias.

Al principio todo fue mal. El dinero no llegaba. Las encuestas le situaban en el pelotón de aspirantes republicanos, por detrás del ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani o el actor Fred Thompson.

En agosto de 2007, nadie hubiera dado un céntimo por él. Algunos de sus principales asesores habían abandonado la campaña. Según ha recordado su asesor de campaña y "alter ego", Mark Salter, los asistentes a sus mítines se contaban, como mucho, por decenas en un buen día. En uno malo, ni se contaban: simplemente no había nadie.

La primera votación en la etapa de primarias, en Iowa, dio la victoria al conservador Mike Huckabee. McCain parecía acabado.

Pero en lo que se demostraría como una característica de su campaña, redobló sus esfuerzos en el siguiente estado, New Hampshire, donde los independientes le dieron una aplastante victoria.

Triunfos similares en Carolina del Sur y Florida anticiparon lo que, para sorpresa de muchos, acabó siendo una victoria relativamente fácil en las primarias.

Enfrentado en la carrera definitiva con el demócrata Barack Obama, McCain comenzó el verano por detrás en las encuestas.

Ante la necesidad de un urgente golpe de timón, en agosto dio uno que sorprendió a propios y extraños y que, en opinión de algunos, ha acabado hundiendo el barco republicano.

Sarah Palin, la desconocida gobernadora de Alaska, sería su candidata a la vicepresidencia.

Al principio, la jugada pareció un póquer de ases. El discurso de Palin en la convención republicana fue todo un éxito. Y McCain se situó por delante de Obama en los sondeos de manera fulminante.

Sin embargo, el atractivo de Palin pronto empezó a desvanecerse. La gobernadora ofreció varias entrevistas en las que se mostró titubeante, al tiempo que salían a la luz revelaciones sobre su gestión en Alaska.

Y estalló la crisis financiera. McCain hizo una serie de declaraciones que pusieron en duda su conocimiento del problema. Amante de los golpes de efecto, anunció la suspensión de su campaña para ayudar a lograr un plan de rescate, algo que contribuyó a cimentar una imagen errática.

Cayó en los sondeos y, pese a sus esfuerzos en las últimas semanas, no ha podido recuperarse.

Es un final para este ex militar de carrera y de familia, nacido en una base naval en Panamá y acostumbrado a jugársela y ganar.

Tras una juventud desobediente, fue destinado a Vietnam donde en 1967 un misil derribó su bombardero. Pasaría los siguientes cinco años y medio en campos de prisioneros, una experiencia que le ha marcado física y moralmente.

A su regreso, pudo adaptarse bien en el terreno profesional, pero en el personal se acabó divorciando de su esposa, que le había esperado todos los años que estuvo en Vietnam.

Un mes después se casó con su actual compañera, Cindy, una rica heredera 17 años menor que él.

En 1985 entró en el Senado, pero su ascenso político sufrió un grave revés tres años más tarde, cuando fue parte de un grupo de senadores que presuntamente presionó para que un donante recibiera trato de favor en una investigación.

Obsesionado con el honor, aseguró que eso era lo peor que le había ocurrido en la vida, incluidas las mazmorras vietnamitas.

Perder las elecciones, según ha explicado en alguna ocasión, no es algo tan importante. "No se preocupen por John McCain", ha asegurado.


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