Tamudo falló un penalti
y mandó un disparo al larguero, pero en la tercera concesión no perdonó ante Roberto
Ahora sí (y no tras la jornada seis) se han encendido las alarmas. La caída de Osasuna en la clasificación está siendo brutal, no sólo porque el primer triunfo es inalcanzable sino también por los pobres argumentos que se transmiten. Tres goles en nueve partidos no es ninguna casualidad. Es un problema gravísimo, al que ayer se sumó la pérdida de la seguridad defensiva, parcela impecable hasta ahora.
y mandó un disparo al larguero, pero en la tercera concesión no perdonó ante Roberto
Ha llegado Camacho y no es que todo siga igual. Simplemente, la situación ha empeorado y ahora mismo se hace difícil encontrar razones que inviten el optimismo, salvo que resta casi todo un trayecto. Lo dicen los números y lo dice la nula capacidad para generar peligro. Todo esto le sucedió ayer al colista en una triste tarde otoñal. El feudo talismán de Montjuïc no fue tal.
Camacho dio continuidad al bloque copero del miércoles, incluida la portería y con la salvedad de Pandiani y Delporte, pero el resultado no se pareció en nada. Lo de ayer era la Liga. Era la realidad, el comer para un equipo hambriento de triunfos y goles que no levanta cabeza y mereció irse de Montjuïc con más tantos en contra. El Espanyol, sin jugar nada del otro mundo pero con carácter y dinamismo, dispuso de hasta cinco oportunidades claras. Y de Osasuna, apenas llegaron noticias salvo un disparo de Masoud ¡en el minuto 75! que despejó un defensa. No hubo más aparte de algunas aproximaciones de Kike Sola que no se tradujeron en disparos. Tampoco se hizo daño en las numerosas jugadas a balón parado que hubo. ¿Cómo es posible que un equipo lance el doble de córners y de centros al área, y de forma paradójica ofrezca una mínima parte de la sensación de miedo que transmite su rival? Preocupante no. Muy preocupante.
Tamudo falla un penalti
El partido se decidió por un gol de Tamudo en la segunda mitad, el castigo a una endeble defensa que cometió algunas cesiones mal ajustadas desde el inicio. Pronto, el Espanyol halló sus vías de peligro por la banda zurda de Nené dirigido por la batuta de Iván de la Peña. Si Osasuna no se marchó al descanso con el marcador en contra fue por la humedad de la pólvora perica.
Después de un disparo durísimo de Nené que neutralizó Roberto, llegaría el penalti que desaprovechó Tamudo. Habían transcurrido sólo 7 minutos. La cesión de Azpilicueta se quedó corta y Nené, un dolor de cabeza para él, fue a por Roberto. En el camino se encontró con la oposición antirreglamentaria de Roversio, que cometió su segunda pena máxima en las nueve jornadas. La suerte, en esta ocasión, se alió con los navarros, tal y como sucedería a la media hora con el disparo en inmejorable posición de Luis García. De la Peña agujereó con su pase a la zaga rojilla y la pelota llegó al delantero para mandarla por el mismo lugar que Tamudo en la pena máxima. Fuera.
Osasuna no terminó nunca de gustarse con el esférico. Sólo mantuvo el tipo Puñal. Nekounam siguió con su versión más gris, Juanfran no desbordó, Font no entró en juego y Sola no conectó como remate los balones que le sirvieron o peleó con su potencia entre las torres espanyolistas. En esta mala primera parte se produjeron un par de remates: una volea del insistente Jokin desde lejos y un testarazo de Roversio. Los dos salieron fuera.
Y el cántaro se rompe
La segunda parte también arrancó con susto de los gordos y de nuevo por un pase mal medido a Roberto. Esta vez, de Oier con el pecho. Tamudo, siempre en el lugar exacto, se apoderó del balón para elevarlo sobre el portero. El larguero evitó el gol, pero la irregularidad defensiva terminaría dictando sentencia. El cántaro se rompió y Tamudo no perdonó el garrafal despeje de Miguel Flaño con la cabeza, precedido por una grave pérdida en mediocampo de Masoud, que acababa de entrar. Mal que le pese a Osasuna, justicia.
Camacho apostó por Pandiani y Delporte en su intento por reaccionar. Y es cierto que el balón rondó más el área catalana, especialmente con los centros de Masoud en jugadas de estrategia y del francés desde la izquierda. El Espanyol cedió terreno, falló alguna contra para la sentencia y se agazapó para defenderse con orden y sofocar el poco peligro que le llegó. Sólo, el tiro de Masoud que despejó Pareja tras el error de Kameni y un remate blando de Miguel Flaño con el que se cerró el duelo. Osasuna se lo puso demasiado fácil.
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual