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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Prudencia

Actualizada Lunes, 3 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

M I compañera de asiento, en el tren, iba poniendo a parir por el móvil a un tal José María.

-Es el responsable de todo el desaguisado. Mientras continué en el departamento estamos listos.

Colgaba y llamaba a otra persona, también de la empresa, para relatarle las últimas desgracias provocadas por el tal José María. A la quinta llamada, en la que comenzó a meterse con su forma de vestir y de pronunciar la erre, comencé a solidarizarme absurdamente con José María, que estaba siendo víctima de una conspiración. Dado que el viaje duraba dos horas y media, a la hora y tres cuartos me pareció que José María era hombre muerto. Entonces sucedió algo rarísimo, y es que la mujer llamó al mismísimo José María, cuyo teléfono estaba desconectado, por lo que le dejó el siguiente mensaje:

-Hola, José María, soy Pilar, perdona que te moleste. Estoy en el tren y llamaba para contarte cómo han ido las cosas por Sevilla. La reunión ha sido un éxito, pero te hemos echado de menos, tú manejas mejor que nadie estos asuntos. Espero que estés bien y que a tu niño se le haya pasado la fiebre. Si no hablamos antes, mañana a primera hora te pasaré un informe.

Resultaba asombrosa la sumisión con la que se dirigía a quien pretendía destruir. Comprendí que José María era su jefe y que ella aspiraba a quitarle la silla. Quizá lo lograra, pues con cada interlocutor utilizaba un lenguaje diferente. Podía ser sutil y brutal, de forma indistinta. Mientras hablaba hacía dibujos geométricos carentes de significado en un cuaderno y daba cuenta de un gin tonic (yo también).

Cuando estábamos a punto de llegar a Madrid, y en un momento de aparente depresión durante el que no llamó a nadie, saqué mi móvil del bolsillo, fingí marcar un número y dije:

-Hola, José María, soy yo. Vuelvo de Sevilla en el AVE y me ha tocado al lado una mujer que lleva toda la tarde poniéndote a parir por el móvil.

La mujer volvió el rostro y me observó con expresión de pánico. Yo mantuve la intriga unos segundos y al final le dije que era una broma, pero que en el futuro fuera más prudente. Se cagó en mi padre.


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