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Antes del tiroteo

Actualizada Lunes, 3 de noviembre de 2008 - 03:59 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

L A gente que se muere durante la crisis debe de sentir, junto al fastidio lógico, cierta sensación de alivio. Es como irse de la reunión de vecinos antes de que empiecen las hostilidades. La vida tiene algo de reunión de vecinos. Llegas a un mundo incomprensible, situado en un suburbio del sistema solar, y, ¡hala!, ahí te las compongas. De repente, sales de la vivienda, tomas el ascensor y coincides con el del quinto y su señora, que están igual de despistados que tú.

-Deberíamos reunirnos -dice el vecino- para decidir si nos hacemos cazadores o agricultores.

-De acuerdo -respondes-, mañana a las ocho en primera convocatoria y a las ocho treinta en segunda.

Pues eso, os reunís, y resulta que un vecino ha inventado la guerra y otro ha inventado la electricidad y otro más ha descubierto la circulación de la sangre y otro se ha entregado a la Teología.Las reuniones de vecinos están bien mientras los niños son pequeños y no hay más remedio que alcanzar acuerdos básicos sobre el funcionamiento de la realidad. Pero a medida que la comunidad envejece son una lata porque salen todas las manías, todas, de los copropietarios.

Nosotros estamos en el momento de las manías, con un edificio, además, hecho polvo (calentamiento global, fusión de los casquetes polares, tsunamis a destajo.). Por si fuera poco, algunos vecinos no pagan las cuotas de la comunidad por culpa de la crisis. La vida se está convirtiendo en un asco, en fin. En tales circunstancias, seamos sinceros, morirse no está tan mal. Ahí os quedáis, parecía decir el rostro de un amigo al que despedimos el otro día. Ha dejado una hipoteca más grande que el valor del piso para el que la pidió, lo que le traía frito durante las últimas semanas. El hombre entró en la especulación tarde y mal, como todas las personas corrientes y después de que su suegra le hubiera dicho mil veces que vivir de alquiler era tirar el dinero. Total, que se murió de asco. Pero yo creo que se murió con cierta sensación de alivio, consciente de que la vida no daba más de sí. Palmarla ahora es como irse del baile antes del tiroteo. R.I.P.


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