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ALGUNOS DATOS

Berichitos cumple 200 años

En 1829 un entierro de primera clase costaba 18 reales, uno mediano se pagaba a 10 reales y uno de un día de función o "pobre" costaba 4 reales

Actualizada Domingo, 2 de noviembre de 2008 - 01:31 h.
  • A.O. . PAMPLONA.

EL cementerio de San José de Pamplona cumple este año dos siglos de vida. La fecha exacta de la onomástica se celebrará el 17 de diciembre, día en que fueron enterrados en Berichitos, en el año 1808, los primeros cadáveres. Para entonces habían transcurrido dos años sin que el nuevo cementerio se hubiese estrenado pues, pese a las órdenes del rey Carlos IV, los pamploneses preferían seguir utilizando como cementerios los interiores de las iglesias.

En 1804 una Real Cédula de Carlos IV ordenaba la construcción de "cementerios ventilados" fuera de las poblaciones y a la distancia conveniente de estas. Un año más tarde, en vista del escaso éxito de la orden e, incluso, del entorpecimiento que algunos pueblos ponían a la obligación de dotarse de cementerios, el rey declaró la prohibición de utilizar otros camposantos diferentes a los construidos en las afueras.

Para entonces, en Pamplona ya habían comenzado las obras en unos terrenos situados junto a la Biurdana y por los que se habían pagado 2.013 reales. En origen, el nuevo cementerio estaba dividido en ocho partes, de manera que cada una tuviese su uso dependiendo del lugar del que procedía el muerto: Hospital Militar, parroquia de San Juan Bautista, parroquia de San Saturnino, de San Nicolás, de San Lorenzo, Hospital civil, eclesiásticos y autoridades civiles y militares.

Tres enterramientos

El 5 de diciembre de 1808, en plena ocupación francesa de la ciudad, el virrey Duque de Mahón ordenó que en el plazo de ocho días tenía que comenzar a utilizarse el nuevo cementerio y que se comunicase así a las cuatro parroquias. Ya que la orden se hizo pública el día 8 de diciembre, los primeros enterramientos no tuvieron lugar hasta el día 17 de diciembre.

Ese día fallecieron en Pamplona cinco personas, aunque los cuerpos de dos de ellas incumplieron la norma y se enterraron en las iglesias de Ainzoáin y Villava. Los tres vecinos que estrenaron Berichitos fueron, según cuenta Pedro García Merino en su trabajo "Obras y servicios del viejo Pamplona": Marta Lecoge, natural de Bayona y perteneciente a la parroquia de San Saturnino; Fernando Lagrave, natural de Bagnéres (Francia) y perteneciente a la parroquia de San Nicolás, y Pedro de Juantorena, de Erasun, y perteneciente a San Juan Bautista.

Pero el cementerio de San José no se convirtió en municipal hasta la primavera de 1829. Fue a partir de ese momento cuando comenzaron las mejoras en el camposanto. Tres años después se adjudicaba la construcción de la capilla y de la vivienda para el capellán y el sepulturero, terminadas un año después, en junio de 1833.

Por aquellas fechas los entierros también entendían de clases. En 1829, por ejemplo, un entierro de primera clase costaba 18 reales, uno con tres días de función o mediano se pagaba a 10 reales y uno de un día o "pobre" costaba 4 reales. Los entierros de párvulos eran los más económicos, 2 reales.

Pese a las reticencias iniciales y también a que el nuevo cementerio estuvo cerrado algún tiempo a partir de 1813 por la imposibilidad de acceder hasta Berichitos a causa de la ocupación, el camposanto tuvo enseguida una buena aceptación por parte de los pamploneses. En 1831, cuando la gestión era ya municipal, se contabilizaron 504 enterramientos correspondientes a 388 adultos y 116 párvulos. La mayor aportación la hizo el Hospital, con 233 cadáveres; de la parroquia de San Juan Bautista procedían otros 85.

En 1861 se inauguró la primera ampliación del cementerio y en 1898 una segunda que, además de sumar 24.564 metros cuadrados, lo dotaba de un depósito de cadáveres, sala de autopsias, osario y almacenes. Las ampliaciones y las obras fueron constantes durante el siglo pasado. A finales de los años 90 el Ayuntamiento comenzó a barajar la posibilidad de ampliar el camposanto y hacer varias modificaciones en todos los edificios situados junto a la entrada principal. El motivo principal era que los grupos de nichos no resultaban suficientes para cubrir la demanda, a pesar de que se construían a razón de dos centenares al año.

La puesta en marcha del primero de los hornos crematorios en el año 2000 provocó que las inhumaciones en nichos fuesen decreciendo. A día de hoy, en el cementerio de Berichitos hay un millar de nichos libres.


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