C Oqueto y hospitalario, Ochagavía se presenta como uno de los pueblos más típicos del Pirineo navarro. Sus estrechas calles empedradas, el puente medieval o las preciosas fachadas conforman un paisaje pintoresco al norte del Valle de Salazar, en la confluencia de los ríos Anduña y Zatoya.
1794 marcó el punto de inflexión en la historia de la villa: con la invasión francesa se quemaron los casi dos centenares de viviendas, y sólo ocho se mantuvieron en pie. La reconstrucción del pueblo se realizó en tiempo récord, y hoy día la arquitectura de Ochagavía se caracteriza por las casas de piedra, con tejados muy empinados a dos o cuatro aguas, los palacios medievales y las casas blasonadas de los siglos XVIII y XIX. El patrimonio paisajístico que rodea al pueblo es espectacular y seduce a los sentidos: la frondosa selva de Irati, el elevado pico de Orhi o la sierra de Abodi, salpicada de dólmenes. Ochagavía es también conocido por los danzantes de Muskilda, que cada 8 de septiembre celebran un sentido baile ante la ermita de la Virgen de Muskilda, patrona de la localidad.
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