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JOSÉ ANTONIO GOÑI MARCÉN TANATOPRACTOR

"Procuramos que el cadáver esté en las mejores condiciones"

La profesión de José Antonio Goñi Marcén es seguramente una de las menos conocidas y también una de las más duras. Su trabajo como tanatopractor le obliga a convivir a diario con la muerte.

Actualizada Sábado, 1 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • A.O. . BURLADA

Aunque hoy cumple 17 años como trabajador en el grupo Tanatorio Irache, José Antonio Goñi asegura que nunca llega uno a acostumbrarse a tratar con la muerte. En estos momentos, con 43 años de edad, es el único de los tres tanatopractores titulados de Pamplona que está en activo, aunque cuenta ya con un ayudante.

Pese a que su profesión ha ido cobrando importancia estos últimos años, donde realmente está desarrollada la tanatopraxia es en Estados Unidos, un país que obliga a embalsamar todos los cadáveres que se quieran velar con el féretro abierto.

¿Qué es la tanatopraxia?

Es cualquier manipulación que se haga con un cadáver. La palabra viene del griego, de tanato, que significa muerte, y praxia, que es práctica. El objetivo final es que el cuerpo se conserve en las mejores condiciones hasta la hora de la inhumación. Se trata de retrasar la descomposición.

¿Es tan importante el aspecto del fallecido?

Lo es para la familia, porque será la última imagen que van a tener del muerto. Los tanatopractores solemos decir que la muerte de un ser querido siempre es motivo de dolor, acrecentarlo es innecesariamente cruel y aliviarlo es humano. Ese es nuestro cometido, aliviarlo al máximo posible.

¿Hasta qué punto se puede retrasar la descomposición?

Lo más habitual es que el cadáver se entierre antes de que se cumplan 48 horas desde el fallecimiento. En ese caso es suficiente con una conservación, que consiste en un taponamiento de boca y nariz, en posicionar la boca y en cerrar los ojos. Luego está el embalsamamiento, que implica la utilización de algunos productos para retrasar aún más la descomposición. Existe también la reconstrucción, que se utiliza principalmente cuando la causa de la muerte ha sido un accidente que ha provocado traumatismos en la cara.

Pero generalmente los ciudadanos no conocen estas prácticas.

Nosotros intentamos explicarlas a los familiares, sobre todo en estos últimos casos de accidentes, aunque hay que valorar si merece la pena una reconstrucción. Se suele ofrecer para que la familia no se vea obligada a hacer un velatorio con la caja cerrada.

¿Cuándo empieza su trabajo?

Lo primero que tenemos que hacer es identificar el cadáver. Generalmente no tenemos un contacto directo con la familia y los que se encargan de hablar con ella son los gestores del tanatorio, que les ofrecen las distintas opciones. En algunos casos hay familias que no quieren que se haga absolutamente nada. En estos casos se desinfecta el cuerpo y se prepara con una conservación mínima. El último paso es el maquillaje, con el que se intenta mejorar el aspecto del fallecido.

¿En qué casos se opta por embalsamar?

Siempre que se van a sobrepasar las 48 horas desde el fallecimiento hasta la inhumación hay que hacer un embalsamamiento porque así lo exige la ley. Esto se da, por ejemplo, cuando algún familiar del fallecido tiene que venir desde lejos al entierro y hay que retrasarlo. También hay que embalsamar cuando el cadáver se va a enterrar en otro país y tiene que salir al extranjero, o cuando el fallecido ha estado sometido a una fuerte medicación.

¿Qué proceso se sigue?

Se trata de hacer una incisión en el cuello. Por la arteria se inyecta el líquido conservante y por la vena se hace el drenaje. Es como un circuito.

¿Qué ventajas tiene el embalsamamiento?

Se evita el contagio de enfermedades, por ejemplo, y por eso es obligatorio cuando se va a sacar el cadáver del país. También se evitan los olores, que se pierdan líquidos, y se consigue recuperar el color natural del fallecido. Así se logra tener un recuerdo real de su rostro.

¿Qué tiempo se tarda en realizar toda la operación?

No es mucho. Alrededor de una hora. Sí se tarda bastante más cuando el cadáver ha sido sometido a una autopsia.

¿Y el precio?

Una conservación para un cadáver que no se va a inhumar hasta entre 48 y 72 horas después del fallecimiento cuesta 200 euros. Un embalsamamiento cuesta alrededor de 600 euros.


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