Lourdes Flamarique impartía una clase de Filosofía en el aula 18 del Edificio Central, justo al lado del coche bomba, en el momento de la explosión.
Ella y doce alumnos estaban, como se suele decir, en el momento menos oportuno en el lugar menos indicado. La pamplonesa Lourdes Flamarique Zaratiegui, doctorada en 1987, es la profesora de Filosofía que impartía clases en el aula 18, la más próxima al coche bomba.
¿Cómo vivió la explosión?
Llevábamos una hora de clase de Corrientes Actuales de la Filosofía. Estaba hablando, explicando una cuestión, cuando explotó la bomba, la conmoción, la sacudida e, inmediatamente, hubo una lluvia de cristales, se desencajo la ventana y vimos las llamas...
¿Fue consciente de que se trataba de una bomba?
Sí, yo creo que todos porque el destrozo fue tremendo: mobiliario, cristales, hasta se cayó el falso techo... Además, el fuego lo teníamos en la ventana. Incluso, esas cosas que te pasan en esos segundos, pensé: "Me tenían que doler los oídos y no me duelen". En ningún momento tuve la duda de que se trataba de una bomba, aunque lo que no sabía era lo cerca que había estado, justo al otro lado de la ventana.
¿Qué hizo?
No sabría decir qué hice justo en esos segundos después del estallido... En ese momento no ves todo lo que cae... Pese a las heridas por los cristales, reaccionamos con cierta tranquilidad. No voy a negar que hubo algún grito y algún alumno se tiró al suelo pero no fue generalizado. Ni siquiera salimos del aula. Yo me quedé en mi sitio, donde estaba, junto a la pizarra. No es que nos quedáramos paralizados, porque estábamos dispuestos para salir, pero fue otra persona la que nos abrió la puerta desde fuera y nos dijo que saliéramos. Yo hasta recogí todas mis cosas.
¿Cómo vio a sus alumnos?
Ellos sintieron todo mucho más que yo. La fuerza misma de la bomba afectó más a una zona del aula que a otra y desde luego más a la zona de los alumnos que a la mía. Por eso su alarma es más natural y, aún así, lo que percibí era cierta calma. No vi ninguna escena de especial tensión ni de pánico.
¿Le sorprendió?
Me sorprendió pero positivamente porque uno nunca sabe cómo va a reaccionar en un momento así. Me sorprendió que la gente fuera tan templada. Íbamos saliendo con calma, preguntando a los compañeros cómo estaban...
¿Y estaban bien?
A dos que tenían las heridas más claras, en la cabeza y en la pierna, los trasladamos en coches particulares a los hospitales. Luego estuve con una de ellas y sus amigas tomando un café. Es de Zaragoza y, en lugar de irse a casa, se quedó hasta la concentración y eso es significativo. En vez de irse y apartarse, ella se ha querido quedar para mostrar su repulsa. Ese gesto lo dice todo.
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