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SOCIEDAD

El luto, una tradición que ha cambiado

El luto ha cambiado. Desde mediados de los sesenta en el siglo XX la costumbre de vestir de negro durante años fue decayendo así como la de de no acudir a bailes o bodas en tiempo de luto. Hoy, la gente viste de negro en cualquier ocasión.

Actualizada Sábado, 1 de noviembre de 2008 - 04:00 h.
  • GABRIEL IMBULUZQUETA . PAMPLONA

Luto: "signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona. El color del luto en los pueblos europeos es ahora el negro". Ésta es la primera acepción que de la palabra "luto" da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Mucho han cambiado las cosas desde que los académicos redactaron la definición. Hoy apenas hay signos exteriores de la pena que causa un fallecimiento (salvo las lágrimas de los familiares o, en determinados casos, las banderas a media asta con crespón negro, los minutos de silencio o las cintas a modo de brazaletes que se colocan los deportistas). Por otra parte, se mantiene la conciencia de que el negro es el color del luto, pero, con mayor frecuencia, al menos en la ciudad, el negro se ha convertido en el color de trajes y vestidos de fiesta en todo tipo de acontecimientos sociales.

Hasta los años 60 o 70

El luto, hoy, no es lo que era hace unos años, unas décadas atrás. La presencia del luto, tal como se describe en las líneas siguientes, pervivió en líneas generales hasta los años sesenta del siglo XX y decayó, hasta desaparecer, de forma prácticamente total, en los años setenta.

El luto riguroso exigía, a las mujeres, vestir de negro total, sin concesión alguna a cualquier tipo de color. Para ello , tenían que proceder en la mayoría de las familias, al teñido de la ropa. Existía también, al paso del tiempo, el medio luto o alivio, que permitía combinar en un mismo vestido el negro con motas o rayas blancas, o el negro con prendas blancas, grises, moradas o lilas; incluso podía vestirse con piezas que combinasen los citados colores, exceptuado el negro.

En los hombres, sin embargo, el luto ha sido mucho menos riguroso y exigente que en las mujeres. Por lo general se limitaba a un brazalete negro cosido en la chaqueta, gabardina o abrigo que se utilizaba en domingos y festivos, o en un galón o en un triángulo de paño asimismo negro en una solapa; podía manifestarse también mediante el uso de una corbata negra o un botón, a modo de pin, en el ojal de la chaqueta.

Duración del luto

El periodo de duración de la expresión del luto a través de la indumentaria tenía años atrás diversos plazos, dependiendo de las costumbres y tradiciones de las distintas zonas. De acuerdo con las encuestas llevadas a cabo por miembros de Etniker en distintas localidades de Navarra, la viuda vestía toda su vida de negro riguroso en duelo por su marido, aunque no siempre, en localidades como Lezaun y Obanos; en otras, como en Mélida, sólo aquellas mujeres que habían enviudado después de muchos años de casadas.

La tradición imponía también ese luto permanente a algunas mujeres cuando fallecían padres, abuelos y suegros, como ocurría, por ejemplo, en Allo. En Obanos, además, la madre se sometía al mismo sacrificio por la muerte de un hijo.

La demostración de duelo tenía, por supuesto, duraciones más breves, como las de cinco años -tres de ellos de luto riguroso y dos de medio luto o alivio-, por ejemplo, en Murchante (la mujer por el marido).

Cuatro años (tres de luto riguroso y uno de medio) se guardaba en Allo por el cónyuge y los padres; el mismo periodo, pero manteniendo dos años el riguroso y otros dos el alivio, en Aria (Aezkoa) por el fallecimiento de maridos, padres y hermanos. Tres años exigía la costumbre conservar el duelo exterior por el marido (Allo), por la esposa (Murchante), por los padres (Allo, Sangüesa, Valcarlos), por los hijos (Allo y Murchante) o por los hermanos (Allo y Valcarlos).

El duelo era de dos años de luto riguroso y uno de medio luto por el cónyuge (Mélida, donde se mantenía asimismo por la muerte de los padres), por los padres y hermanos (Aoiz), por los padres, hermanos, suegros y cuñados (Monreal) y las hijas por sus padres (Izal). Por no alargar excesivamente la relación de plazos de expresión exterior de duelo, cabe señalar que en otros lugares, la tradición exigía el luto riguroso o medio durante dos años, año y medio, un año, seis meses e, incluso, durante sólo tres meses.

Restricciones del luto

El luto no se limitaba a la ropa. Tenía otras connotaciones y exigencias que hoy nos pueden parecer sinsentidos. Mientras duraba el tiempo de duelo era impensable que los deudos del difunto pudiesen acudir a bailes, festejos y lugares públicos de diversión o a la celebración de fiestas patronales, bodas u otro tipo de acontecimientos similares.

Para los familiares más allegados al difunto, la prohibición de acudir a bailes y fiestas era general, aunque, como en el caso de la forma de vestir, la duración variaba de unos pueblos a otros.

Además, las mujeres permanecían en sus casas mucho más tiempo del habitual , hasta el punto de que, a veces, salían sólo lo imprescindible (Mélida, Obanos y Sangüesa, por ejemplo), pero no a pasear. En Sangüesa, las novias no podían salir con los novios, por lo que estos, terminaban por ir a las casas de ellas para poder hablar.

Los hombres no se libraban tampoco de las prohibiciones que marcaba el tiempo de luto. Ellos no podían acudir a bares, tabernas u otros establecimientos públicos, incluido el cine. Tal ocurría, por ejemplo, en Artajona, Eugi, Mélida, Monreal, Murchante, Obanos, Sangüesa o Viana), si bien, no hay por qué ocultarlo, este sacrificio masculino duraba menos tiempo -a veces, mucho menos- que el que guardaban las mujeres.

Fiestas y músicas

Por otra parte, durante el tiempo que duraba el luto, o no se celebraban, retrasándolas, bodas en la familia o tenían lugar de forma íntima y con un número mínimo, imprescindible, de invitados. Quienes vivían el duelo tampoco acudían a bodas a las que, en otro supuesto, hubieran asistido.

Otro tanto ocurría con la celebración de las fiestas patronales, estando muy mal conceptuado cualquier signo de incumplimiento de esta norma. En algunos lugares, en los pasacalles y rondas, la música dejaba de sonar al pasar por la casa de una familia de luto. En este sentido, cabe recordar también que antaño los ioaldunak de Ituren solían visitar Santesteban en las fiestas de carnaval; al cruzar el pueblo de Elgorriaga preguntaban al alcalde si debían pasar en silencio o haciendo sonar los cencerros; si en el pueblo había algún fallecido de cuerpo presente, el alcalde les comunicaba que debían hacerlo en absoluto silencio.

Las prohibiciones no escritas que imponía la costumbre se extendían -por mucho que hoy extrañe y resulte impensable- a la música más simple. Es decir, estaba mal visto que en la casa alguien cantase, silbase o, desde la aparición del gramófono, la radio e incluso la televisión, escuchase música.

Colgaduras y escudos

El periodo de luto debido a un fallecimiento quedaba patente también en el exterior de la casa familiar. En este sentido, la colocación de colgaduras en balcones y ventanas con ocasión de actos especiales, como la procesión del Corpus u otras procesiones solemnes, tenía su propia versión en épocas de luto. Tales colgaduras se colocaban pero en ellas se prendían lazos o crespones de color negro.

Otra manifestación de duelo en las fachadas de los edificios se dio en diversas localidades, entre las que destacan los lugares del valle de Baztan. Allí, las familias cubrían con un paño negro el escudo de la vivienda (en Baztan, prácticamente todas las casas, incluidas las más humildes, tienen el escudo ajedrezado del valle), permaneciendo así durante un tiempo indeterminado (largo, normalmente), que acababa muchas veces cuando la climatología terminaba por desgarrarlo y arrancarlo.

La costumbre existió también allá donde las familias tenían escudo de armas propio, cosa que no solía ocurrir donde las familias vivían en casas con escudos que no les correspondían.


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