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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Para pensárselo

Actualizada Lunes, 27 de octubre de 2008 - 04:00 h.

L A policía ha desarticulado una red de falsificadores de títulos universitarios. El de médico costaba 18.000 euros; no sabemos a cuánto estaban el de arquitecto o el de registrador de la propiedad, si los hubiera.

Tampoco sabemos cuántos quedan por descubrir, pero si la relación entre médicos verdaderos y médicos falsos es la misma que hay entre bolsos de Loewe de mentira y bolsos de Loewe de verdad, no sería raro que la última vez que acudió usted a consulta le atendiera un impostor cuyo Rolex, por cierto, era también de pega. Las falsificaciones de la realidad avanzan a una velocidad de vértigo. A veces no sabe uno en qué lado de la raya se encuentra. Es probable que el veterinario de tu perro comprara su título en Internet, donde hay un mercado increíble de tesis doctorales falsas, de pastillas de Viagra falsas, de tranquilizantes falsos, etcétera.

Obama saludó en su campaña electoral a un fontanero (Joe) que resultó ser falso. Bush, si ustedes se acuerdan, celebró hace dos o tres años el Día de Acción de Gracias con un pavo de plástico (hermosísimo, para decirlo todo). Los beneficios de los bancos que se están nacionalizando a lo largo y ancho de occidente eran en gran medida falsos. Y así de forma sucesiva. Llama la atención esta debilidad humana por los productos adulterados. En mi juventud, cuando se pusieron de moda, las flores de plástico y de tela hicieron furor. El furor se ha atenuado, pero ya hay tiendas dedicadas en exclusiva a la venta de flores falsas. Y sólo las distingues al tacto. A veces, ni eso.

Nos atraen los sucedáneos como la luz a las plantas, lo que debería de tener alguna explicación. A mí se me ocurre una: quizá nosotros mismos seamos falsos. Tal vez el hombre es la copia de otro hombre de verdad. La Biblia dice que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Que nos copió, vamos, que somos una réplica cuyo original no hemos llegado a conocer. Eso explicaría esta tendencia irrefrenable hacia lo artificial. Así las cosas, no me extrañaría nada que la mitad de los policías que ha desarticulado la banda de falsificadores de títulos falsos fueran a su vez policías falsos. Es para pensárselo.


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