Adelina Moya Valgañón (Córdoba, 1944), profesora de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao hasta su reciente jubilación, habló ayer de la faceta rupturista y restauradora del escultor, en el marco del Congreso Internacional Oteiza y la crisis de la modernidad.
¿En qué sentido era rupturista Oteiza?
Por todos lo puntos. La palabra ruptura se ha referido a la vanguardia y Oteiza es vanguardia evidente. Es un artista que siempre ha defendido el arte de su tiempo y el arte nuevo de su tiempo es de ruptura.
¿Y restaurador?
Es un artista que siempre quiso llevar consigo una referencia al mundo vasco, a la historia vasca anterior a la guerra. En Oteiza confluyen dos líneas de la tradición moderna , la rupturista y la restauradora.
Su evolución tiene una coherencia que hacen de él incluso un referente ético.
Ético y también político, y a veces ambiguo. Los referentes al compromiso son muy de su tiempo. Así, cuando Oteiza se hace artista lleva esa referencia al arte como compromiso social, y eso lo va a trasladar al País Vasco.
¿Qué es lo que ha dejado Oteiza?
No vamos a decir que exista un arte oteizano. Pero gente que lo tomó muy en serio han sido muy buenos profesores. Por eso hay muy buenos artistas en el País Vasco, que no es que se parezcan a Oteiza, pero sí han recibido algo de él durante su formación. Oteiza era muy de magisterio y esa gente que se tomó en serio a Oteiza se tomó muy en serio la enseñanza.
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