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CRÍTICA DE CINE | MIGUEL URABAYEN

Una mirada femenina

Diane English, la guionista/directora de la película no profundiza en los caracteres

Actualizada Jueves, 23 de octubre de 2008 - 04:00 h.

H AY cierta lógica en que una película con el título de Las mujeres no tenga ningún personaje masculino. Puede parecer una idea original pero como se indica en los rótulos iniciales, The Women es una nueva versión de la obra teatral de Clare Boothe Luce estrenada en 1936 y llevada al cine tres años más tarde. Dirigida por George Cukor, reunía en su reparto a grandes actrices del Hollywood de entonces, sin ningún actor.

La versión actual -con el mismo argumento básico que la de 1939- es el primer largometraje de Diane English, realizadora de TV que ganó fama con la serie Murphy Brown. Su única ventaja inicial sobre Cukor está en la de ser mujer con lo que la nueva película completa la idea de exclusividad femenina. Y como el talento no tiene sexo, cabía la posibilidad de que su entrada en la pantalla grande estuviera a la altura de tan célebre predecesor.

Pero no ha sido así y, pensándolo bien, no sería justo comparar a la novel directora con uno de los mejores realizadores norteamericanos del siglo pasado, quien a lo largo de cincuenta años de carrera dirigió a las grandes estrellas de su tiempo. Así que olvidemos a Cukor. Lo esencial es ver qué ha hecho Diane English con un tema hasta ahora muy popular.

En la obra original, Clare Boothe Luce (que conocía bien la sociedad de Nueva York) describió con ironía las preocupaciones y carácteres de un grupo de mujeres aficionadas a los chismes y preocupadas principalmente por las relaciones sentimentales. Partiendo de esa base, English presenta a cuatro amigas muy amigas que se reúnen con frecuencia. Silvie (Annette Bening) es directora de una revista femenina. Mary (Meg Ryan) está casada, tiene una hija y una gran casa en el campo que cuidan dos empleadas. Eddie (Debra Messing) vive feliz con su marido y cuatro hijos y le gustaría tener otro. Alex (Jada Pinkett Smith) es lesbiana y su pareja una modelo muy delgada siempre hambrienta. Todas tienen un nivel económico alto, sobre todo Mary.

Argumento

El nudo de la trama se ata desde el comienzo. Silvie se entera por casualidad (la manicura es muy charlatana e indiscreta) que el marido de Mary se ha liado con una vendedora de perfumes, Crystal (Eva Mendes). Y las tres se lo dicen, para ayudarla y protegerla en el disgusto que le causan. A partir de ahí la acción va dando saltos, empujada por los incesantes diálogos de los personajes. La guionista y directora English ha simplificado la obra y película originales, reduciendo personajes y centrándose en Mary, Silvie y Crystal (Eva Mendes), amante del marido de la primera. (En 1939, Norma Shearer, Rosalind Russell y Joan Crawford)

La acción ocurre en nuestros días pero la situación básica y muchos diálogos podrían corresponder a cualquier década de los últimos ochenta años. El tema de la infidelidad con sus diferentes reacciones ha sido uno de los más tratados por el teatro y el cine. Así que en este aspecto no hay mucha novedad, tanto en la obra original como en su actual versión. Aunque hubiera podido hacerlo, la guionista/directora no profundiza en los caracteres, quizá porque no valen la pena. El grupo de amigas que ha imaginado parecen de otra época, quizá de los años treinta (salvo Alex, pero apenas interviene). Según vemos, su mayor interés aparte de los chismes se refiere a ropa y complementos ofrecidos por grandes y caras tiendas. E incluso cuando una de ellas quiere salir de sus problemas, la solución es convertirse en diseñadora de vestidos.

Cierto, también está el tema de las relaciones entre madre e hija adolescente que se siente abandonada. Pero ya ha sido muy utilizado y aquí se trata de forma rápida y simple.

La mujer más interesante de las que aquí vemos es la madre de Mary, quizá por ser Candice Bergen quien la interpreta. Diane English la conoce bien (fue su Murphy Brown) y debía haberle dado más intervenciones. El enfrentamiento entre esposa y amante tampoco es nuevo salvo en cómo se produce.

Al final, lo más notable de la película es la ausencia de hombres en la pantalla. Pero eso resulta exagerado y artificial porque incluso en las calles de Nueva York o en las tiendas y restaurantes que aparecen tampoco se ve alguno. Su deliberada ausencia hace que conversaciones importantes dentro del argumento deban ser por teléfono o relatadas por una mujer a otra.

EN RESUMEN: NUEVA VERSIÓN DE UNA PELÍCULA QUE FUE MUY ORIGINAL EN 1939. APARTE COLOR Y AMBIENTE, LA ACTUAL PARECE CASI TAN ANTIGUA.


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