Un millar de estudiantes de Bachillerato participaron ayer en "Road Show", un espectáculo multimedia para sensibilizar sobre accidentes de tráfico. Escucharon a dos médicos, un bombero, un policÃa y una mujer tetrapléjica.
EL millar de estudiantes de Bachillerato escuchaba a Tomás en silencio. "De la bandeja donde habÃamos dejado las cosas del chico empezó a sonar un móvil. Durante cincuenta minutos intentamos reanimar al chico en el hospital. En ese tiempo el móvil sonó varias veces. El chico, que tenÃa 18 años, murió, y entonces cogà el teléfono. En la pantalla ponÃa "Ama". TenÃa que decir a esa mujer que su hijo acababa de morir por un accidente de tráfico".
Tomás se apellida Belzunegui y es el jefe de urgencias del Hospital de Navarra. La historia que ayer contaba en Baluarte a los estudiantes era real, como las que les relataron la PolicÃa Foral, los bomberos y la Asociación del Estudio de la Lesión Medular Espinal (Aesleme) con un objetivo: conectar con la población de más riesgo, los jóvenes, y sensibilizarles sobre la conducción.
Lo que ayer vieron y escucharon estudiantes de quince centros educativos de Pamplona, Tafalla, Estella y Peralta es un programa de educación vial, un espectáculo multimedia, Road Show, donde los protagonistas reales de un accidente de tráfico cuentan su experiencia en primera persona. En España se ha desarrollado con 22.132 jóvenes. "Dos años después de otro Road Showhicimos un estudio para averiguar si los participantes habÃan retenido algo. Todos se acordaban de cada escena y momento. Dijeron que nunca lo olvidarÃan", explicaba antes del inicio de Road Show Carlos Jiménez, de la Academia Internacional de Seguridad Vial (Irsa), que ha promovido junto a Aesleme esta iniciativa organizada por el Gobierno foral y el RAC Vasco Navarro. Los centros educativos participantes ayer fueron Instituto IES Sanitaria, Instituto Cuatro Vientos, Colegio F.P. MarÃa Inmaculada, IES Adaptación, IES Tafalla, IES Politécnico de Estella, IES Ribera del Arga, IES Julio Caro Baroja, Salesianos de Pamplona, Centro de Educación Especial Isterria, Escuela Agroforestal, Colegio Larraona, Ibaialde-Auxiliar de Cocina y Servicios, IES MarÃa Ana Sanz y Colegio Jesuitinas.
Cinco testimonios
Los estudiantes presenciaron ayer una escenificación con un inicio frenético: la recreación de una discoteca en la que un disc jockey resta importancia al riesgo de sufrir un accidente de tráfico pese a conducir de prisa o bajo la ingesta del alcohol. Sin apenas tiempo para disfrutar la música que pinchaba a todo volumen, una pantalla comenzó a disparar imágenes sobre accidentes. Y sin apenas tiempo a digerirlas, Antonio GarcÃa Malumbres, subinspector de Tráfico de la PolicÃa Foral, les habló de vÃctimas mortales del año pasado en Navarra. Les dijo sus nombres, la edad que tenÃan cuando murieron, cómo se enfrentaron al momento de dar la noticia a sus familias, cómo la recibieron... Y les mostró las etiquetas donde los agentes anotan los nombres de los fallecidos cuando van a trasladarlos al anatómico. "Os pido que nunca nos hagáis escribir vuestro nombre en las etiquetas. Por favor, vivid".
Al suboficial de bomberos Josetxo Andueza le correspondió narrarles su trabajo ante el accidente con atrapados. "Les descarcelamos, y utilizo esa palabra porque les sacamos de ese amasijo, de esa cárcel de hierros en la que están". Tras 25 años en la profesión, el médico intensivista del Hospital de Navarra Juan Guergué pudo contarles que "cada caso es una lucha del tiempo contra el tiempo. Algunos tienen suerte y la moneda cae de su lado". "Todo ocurre en un fatal segundo, en la vida no hay repetición de jugada. Y vosotros podéis decidir tener una actitud responsable porque el futuro es vuestro".
Mar Cogollos, presidenta de Aesleme, salió al escenario en su silla de ruedas, en la que lleva sentada desde los 25 años por la lesión medular que sufrió tras un accidente "porque el conductor quiso cambiar la música y se despistó". "A todos nos puede pasar. Yo tampoco pensé hace 21 años que me iba a pasar".
Tomás, el jefe de urgencias, habÃa terminado su intervención con una experiencia personal. "Después de que muriera aquel chico, volvà a casa y fui a la habitación de mi hijo, Xabier. Allà estaba, durmiendo tranquilamente. Se me cayeron las lágrimas: habÃa una madre que no tenÃa tanta suerte como yo".
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