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El mercado del arte se enfría con la crisis

Un retrato de Francis Bacon fue subastado por 5,4 millones de libras cuando su precio de salida eran los 7 millones

Actualizada Lunes, 20 de octubre de 2008 - 14:45 h.
  • AGENCIAS. Londres (Reino Unido)

Los resultados de las subastas de este fin de semana en Londres y la menor actividad registrada en la feria Frieze de arte contemporáneo apuntan a un enfriamiento del mercado del arte como consecuencia directa de la crisis económica. Un retrato de Francis Bacon pintado por su amigo Lucian Freud, por el que, pese a haber quedado incompleto, Christie's confiaba en que se pagasen hasta 7 millones de libras, se adjudicó finalmente por 5,4 millones (6,97 millones de euros), justo por encima del precio mínimo estimado.

El viernes, en Sotheby's, otra de las estrellas de las últimas subastas londinenses, la titulada "Skulls", de Andy Warhol, un grupo de cráneos con fondos de distintos colores, se vendió por 4,3 millones de libras (5,5 millones de euros), cuando la casa de subastas esperaba de 5 a 7 millones de libras (de 6,4 a 9,07 millones de euros).

En esa misma subasta quedó sin comprador un paisaje de Jerusalén de Gerhard Richter, que salía con un precio estimado de entre 5 y 7 millones de libras, aunque se vendió en cambio un abstracto ("Rojo"), pero por 2,8 millones de libras (3,5 millones de euros), medio millón de libras menos que la estimación más baja.

Apenas han pasado cinco meses, pero parecen quedar de pronto lejos los tiempos en que un desnudo de mujer de adiposas carnes durmiendo en un sofá, obra de Lucian Freud, cambiaba de manos en Nueva York por la friolera de 33,6 millones de dólares (casi 25 millones de euros) y marcaba un récord para la obra de un artista vivo.

Las ventas de arte contemporáneo y de posguerra de las dos más importantes casas de subastas del mundo coincidían este fin de semana con la feria Frieze, dedicada a las últimas tendencias artísticas en todo el mundo.

Un recorrido por los pasillos de la feria, que se clausuró este domingo en el Regent's Park londinense, bastaba para darse cuenta de que las cosas no habían transcurrido a pedir de boca para el centenar y medio de galerías de todo el mundo representadas.

Dominaban las caras largas entre los galeristas, que se consolaban pensando que todo podría haber sido incluso mucho peor a juzgar por el estado de ánimo general.

Entre los galeristas españoles, Juana de Aizpuru se congratulaba de haber vendido un Albert Oehlen mientras que Pepe Cobo también había encontrado comprador para alguna pieza, pero el desánimo era bastante generalizado.

La única que parecía inasequible al desaliento era Daniela Luna, de "Appetite", de Buenos Aires, cuyos artistas, además de exponer algunas obras originales, se habían dedicado a coleccionar la basura dejada por galeristas y visitantes de la feria para presentarla como una instalación.

Escoba en mano, dispuesta a recoger todos los desperdicios, la galerista argentina comentó a Efe que para ella lo importante no había sido vender, sino hacer contactos, y la acogida del público había sido, según ella, "magnífica".

El Art Newspaper, periódico especializado que publica una edición especial durante la feria, hablaba en su número final de una "significativa caída de las ventas".

Algunos expertos en arte comentaban que este año no sólo había habido menos instalaciones difíciles de vender y, por el contrario, muchas más pinturas o fotografías a precios más asequibles, sino que además los clientes habían practicado mucho más que en anteriores ocasiones el arte del regateo y logrado con ello importantes descuentos.

En los pasillos de Frieze se oyó este año mucho francés y sobre todo alemán, pero los coleccionistas norteamericanos escasearon más que en ocasiones anteriores y quienes se acercaron a la feria se dedicaron al parecer más a curiosear que a comprar.

A todo ello se suma el hecho de que muchas de las obras ofrecidas en la feria londinense eran más estilo que substancia, más diseño y espectáculo que pasión o substancia, un poco a tenor del arte actual.

Y en tiempos de incertidumbre económica, cualquier apuesta, incluso por lo decorativo, parece arriesgada.


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