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De los indígenas "ngöbe" en Panamá a los enfermos de sida en el Chad

Actualizada Miércoles, 15 de octubre de 2008 - 03:59 h.
  • M.J.C. PAMPLONA

José Luis Lacunza Maestrojuán, agustino recoleto de 64 años natural de Pamplona, lleva 37 años de misionero en Panamá, 22 de ellos como obispo. Además, es el presidente actual de la Conferencia Episcopal en dicho país. Actualmente está destinado en la diócesis de David, en el extremo occidental, una zona similar a Navarra en número de habitantes y km2, pero con enormes necesidades, sobre todo la población indígena "ngöbe", unas 80.000 personas que han sido "desplazadas" de las tierras bajas y más fértiles donde vivían y "arrinconadas" en zonas montañosas de difícil acceso. Lacunza indicó que las cifras "macroeconómicas" dicen que la economía panameña crece a buen ritmo, pero reconoció que "contrasta con la existencia de un 40% de pobreza, que entre los indígenas alcanza el 99%".

A su juicio, hoy es más necesario que nunca "recuperar y renovar la identidad misionera" y afirmó además que "ser discípulo y ser misionero no son sino las dos caras de la misma moneda".

Tras la boda, al Chad

Beatriz Zandio Amorena, pamplonesa de 30 años y médico neuróloga en el Hospital de Navarra, y Rodrigo Espinedo Escalada, nacido en Beriáin hace 36 años y profesor en el colegio Maristas, decidieron "entregar" su primer año de matrimonio "a los más pobres", por lo que apenas 15 días después de la boda viajaron al Chad, uno de los países más necesitados del continente africano.

"Siempre hemos tenido relación con la Iglesia y con los Maristas y compartimos las mismas inquietudes espirituales", explicaba Zandio. "Teníamos ganas de hacer algo así y nos decidimos". Durante un año vivieron en Sarh, una ciudad al sur del país, de unos 200.000 habitantes. Alojados con los hermanos Maristas -algunos de ellos también españoles-, Rodrigo Espinedo trabajó en escuelas y en proyectos de cooperación de la diócesis con España, mientras que su mujer se dedicó por completo al hospital de Maingara. Según contaba, éste dispone de 26 camas y además en consulta atendían a entre 35 y 45 personas al día. Se trata de un hospital de enfermedades crónicas y, como destacó, la patología de mayor prevalencia es el sida.

A veces no podíamos tratar a los pacientes por falta de fármacos y eso resultaba durísimo", reconocía. "Como médico se siente una gran impotencia en cuanto a la eficiacia por la carencia de medios, pero al final haces lo que buenamente puedes" admitía la doctora. "A veces parecía que estabas en otro planeta", añadía.

A través de un programa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de vez en cuando les llegaban medicamentos antirretrovirales y antituberculosos, pero insuficientes. "Se nos acababan en cuatro meses", reconocía Zandio. Su marido recalca que allí había "hambre" auténtica.

Pese a ello, ambos calificaron su experiencia de "enormemente enriquecedora y gozosa" tanto personalmente como para la pareja y pese a lo "duro" del regreso.


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