Ignacio Latasa Moriones, empresario pamplonés de 39 años y confundador de Leer-e junto a Ángel Ancín Roldán, califica la iniciativa de "pionera en España".
"En prestigiosas universidades americanas como Princeton llevan años proporcionando aparatos como éstos a sus alumnos, pero hasta ahora ningún colegio de la Península había dado el paso", cuenta. En Holanda, también son varios los centros que han cambiado los libros de texto por incipientes aparatos electrónicos, similares a las PDAs, que contienen la información necesaria para la formación del alumno. El soporte de Leer-e apenas mide 20 centímetros de largo por unos 10 de ancho, y su peso no alcanza ni de lejos los 7 kilos de media de la mochila de un escolar de Primaria. "No se trata de una pantalla con luz como la que pueda tener un portátil, que es la que daña la vista. El sistema recrea la sensación de leer en papel".
Los alumnos no están directamente encargados de la compra del soporte, cuyo precio de mercado oscila entre los 350 y los 650 euros (en función de su tamaño y prestaciones), sino que éste ya viene incluido en la matrícula del curso o del posgrado. "Buscan sustituir el precio del papel que ya paga el propio estudiante al afrontar el costo de la matrícula con los libros". Una vez adquirido el aparato, que viene complementado con una tarjeta de memoria que puede llegar a almacenar 150 libros, los estudiantes recibirán a través de su correo electrónico en Internet otros apuntes, avisos, documentos de trabajo, etc. Para trasladarlo al soporte portátil, tendrán que descargarlo desde un ordenador, ya que el aparato no cuenta con conexión a la red.
Pantallas interactivas
La incursión del soporte en el ámbito educativo ha motivado que los aparatos se orienten cada vez más a pantallas de mayor tamaño e interactivas. "No es lo mismo utilizarlas para la lectura individual que para un máster, en el que se comparte información con otros alumnos", indica Latasa. Hasta ahora, el soporte de Leer-e era adquirido principalmente por personas jóvenes, aficionadas a la lectura y usuarias de la red, donde existen 3.000 o 4.000 obras disponibles para su descarga legal. El lector de libros electrónicos se comercializa en Europa desde finales de 2006 y este año por primera vez va a dar el salto al ámbito educativo.
Fase de "testeo"
"Hay quien todavía se muestra reticente. No acaba de entender que los alumnos puedan estudiar a través de una pantalla", se lamenta Latasa. Por eso, contemplan la posibilidad del "testeo", una fase en la que la empresa cede una veintena de aparatos para que el profesorado y la dirección los prueben en primer lugar. Un colegio madrileño, interesado en el aparato para descargar a los alumnos de Primaria del peso de las mochilas escolares, se plantea introducir paulatinamente su uso a partir del próximo curso.
Sin embargo, hay cuestiones polémicas que también frenan la tecnologización de los libros de texto. "Todo lo relativo al presupuesto complica el tema. El asunto es complejo por asuntos como la reciente gratuidad de los libros de texto, los derechos de copyright, las diferentes visiones de las editoriales...", indica. A pesar de esos hándicaps, y de que de momento ningún colegio navarro haya manifestado interés por probar su soporte, Ignacio Latasa no se desanima. Las ventas on-line de su soporte se mantienen estables, mientras que aumenta su negocio a través de distribuidores como Mediamarkt. "Teníamos la incógnita de ver cómo era recibido el soporte a través de estos sistemas de venta más tradicionales, pero la duda se ha resuelto satisfactoriamente". Latasa se muestra confiado. "El futuro pasa por invertir en tecnología de bajo consumo de energía y promoción ecológica como el de este soporte". Quizá los niños del futuro aprendan valores como éstos a través de una pantalla electrónica.
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