Cuando conocí a Iñaki, en Candanchú, él era todavía mocoso, principiante en la montaña, muy vivo y observador, hasta me pareció tener envidia, una envidia sana, no ponzoñosa, por lo que nosotros hacíamos.
En cierta ocasión, en Candanchú ascendiendo en un curso de técnica invernal por el tubo de la Zapatilla, de descarado desnivel y que en invierno se convierte la nieve en hielo puro (con pendientes según los técnicos de hasta 50 y 60 grados), Iñaki, se mostraba entusiasmado. "¿Cuándo subiré yo así?" "Eres un crío y con el tiempo, por tu afición, nos superarás a todos".
Al cabo de unos años, a su regreso de las grandes expediciones, recordando sus inicios en la montaña le decía: "A tu lado soy yo, ahora, un parvulísta..." "No tanto respondía con su sonrisa franca. Eguíllor, el "Pitxi", un gran montañero que ha subido al Everest y otras cimas comprometidas del planeta, recordaba que desde crío Iñaki apuntaba unas condiciones extraordinarias y que, luego, era un mito entre los practicantes del deporte de técnica invernal.
¿Quién iba a decir, cuando hicimos la travesía de Pokhara al Campo Base de los Annapumas a cuatro mil y pico metros de altitudque, al cabo de los años, había de suceder este doloroso desenlace? Generalmente, estas travesías son llevaderas, salvo algunos tramos, pero la aproximación al Annapurna no es fácil. Nada más salir del río Pokhara, la travesía está salpicada de escaleras interminables de piedras centenarias. En el trayecto corren riachuelos de aguas cristalinas, tentadoras para la sed, pero que no se puede beber por estar infectada de amebas que se enquistan en órganos vitales. Hay que añadir las sanguijuelas, que, muy pillinas, te anestesian para chupar la sangre.
En los poblados de gente es maravillosa, hospitalaria y acogedora. Compartimos con ellos pan, arroz, mesa y cama. Muy honrados, no roban nada. Iñaki se compadecía. La ilusión de mi vida es sonreir con ellos y construir en estos poblados escuelas y centros médicos, solía decir. Y lo que llamamos civilización, despilfarrando. ¡Sufría por los que sufren! Tenía sentimiento de la montaña y sus pobladores.
Fue un hombre de carácter abierto noble y comunicativo. Una de sus principales facetas fue el sentimiento de la responsabilidad, saber hasta donde se podía llegar. Vivió para la montaña y murió en la montaña, en una montaña de "mucha fama", donde han muerto 55 alpinistas. En la historia de Navarra merecería un hito. Quedó a las puertas de los 14 ochomiles, en cierto modo algo parecido al bíblico Moisés, que desde el Monte Nebo vio la Tierra Prometida y no pudo entrar en ella. Por su trayectoria humana y deportiva se le recordará siempre. Su muerte prematura un designio que solo se comprende con la fe.
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