Tras el funeral, los hermanos del montañero fueron los encargados de recibir las numerosas muestras de ánimo y apoyo
No había sitio para nadie más, hubo quien tuvo que quedarse en el atrio. Todos querían mostrar su respeto, tristeza, amistad o admiración. La parroquia de San Miguel en Pamplona se quedó ayer pequeña. Familiares, amigos, compañeros de cordada y escalada, así como autoridades y personas que quisieron acompañar a la familia en este difícil trance, quisieron despedir ayer al montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza Seguín, fallecido el pasado viernes en la cara sur del Annapurna a los 40 años.
Por expreso deseo de la familia, las numerosas cámaras de televisión y fotógrafos de prensa que cubrían el acto no accedieron al interior de un templo que, ya desde casi media hora antes del inicio de la ceremonia, se encontraba repleto.
César González -párroco de Viana, amigo y compañero de colegio y de primeras escaladas de Ochoa de Olza- fue el encargado de oficiar una ceremonia cargada de emoción, referencias a la belleza de la montaña y, sobre todo, a la calidad humana del malogrado montañero pamplonés. Junto a González, concelebraron Luis Oroz (vicario general), Félix García de Eulate (párroco de San Miguel) y Santos Villanueva (delegado episcopal).
En su homilía, González recordó de Ochoa de Olza su "buen hablar, humanidad y buena educación", así como el "entusiasmo y pasión por la montaña". Además, resaltó su carácter "prudente" como montañero. "Celebro su funeral porque creo que es eficaz para su vida, para alcanzar no esos dos "ochomiles" que le faltaban para coronar las 14 cimas más altas de la Tierra, sino para ayudarle a alcanzar ese decimoquinto "ochomil", ese que es definitivo y eterno, y al que todos somos invitados a hollar: la vida eterna", indicó.
El momento más emotivo de la ceremonia se produjo cuando Ignacio Ochoa de Olza Sanz, padre del alpinista, leyó una poesía que él mismo había escrito para su hijo. Un texto -que se reproduce junto a estas líneas- cargado de sentimiento y de reconocimiento hacia la actividad que realizaba en la montaña.
El acto, en el que también intervinieron la coral de Barañáin y una representante del grupo de monataña de la Sakana (que interpretó una emotiva canción en euskera), concluyó con un "agur jaunak".
Posteriormente, Pablo, Daniel y Guillermo Ochoa de Olza -hermanos del montañero- saludaron y recibieron las condolencias durante bastantes minutos de las autoridades y, sobre todo, de los numerosos amigos y conocidos que deja su hermano.
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