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PLAZA CONSISTORIAL | JOSÉ MIGUEL IRIBERRI

ÁRBOLES Y MÁS ÁRBOLES

Actualizada Domingo, 25 de mayo de 2008 - 04:00 h.

P OR cada pamplonés hay un árbol en Pamplona. O casi. La ciudad y los árboles se llevan bien. Muy bien, para lo que se ve por ahí. La relación mejora con los años. El paseo convocado ayer por el Museo Ambiental hubiera necesitado no tres horas de un sábado sino las 24 horas de 24 sábados para saludar, uno por uno, al menos a los árboles de gran porte, los plátanos, castaños, cedros, pinos, chopos, acacias, que vienen dándonos sombra y sosiego desde hace un montón de años.

Generosos por naturaleza, los árboles acompañan nuestro pasos sin moverse y, como escribió el poeta, "sin pedir nada a cambio que no sea soledad y silencio".

Comentó Juan Tomás Alcalde en una conferencia que el urbanismo había acabado en Pamplona con los árboles viejos. Y eso es verdad pero una verdad habitada por grandes excepciones para satisfacción de todos, empezando por el propio conferenciante. Plátanos o cedros o lo que sean, esos árboles tatarabuelos que nos acompañan desde siempre tienen en sus raíces, verdaderamente, las raíces de la ciudad.

Estaba pensando en el plátano gigantesco de Errotazar que daba sombra a los toros de Sanfermines seguramente desde antes de que los toros tuvieran cuernos. Abandonado por los corrales del Gas, el árbol tiende su sombra hoy sobre los coches aparcados y cambia hojas de complicidad con los hermanos del talud de la muralla, tatarabuelos también. Son supervivientes del catálogo de 2.000 árboles centenarios recogido en un estudio municipal de los años 80. No sé si figuraba en aquel inventario el sauce que llora en medio del Arga, donde las Pasarelas. Quizás sea un sauce chaval, además de llorón, pero con la de riadas que ha aguantado es como para situar su nacimiento mucho antes del nacimiento del Arga.

¿Cuántos años han cumplido esos dos pinos de la vaguada de Ermitagaña y qué misterio ocultan, tan viejos entre troncos juveniles? Esos árboles ya eran viejos cuando fueron trasplantados desde San Juan hace 20 años. El ex alcalde Alfredo Jaime, cooperativista pionero de Ermitagaña, donde sigue viviendo, los saluda cada día al recordar el trasplante.

Historias de amor de la ciudad y sus árboles. Como la del magnolio que crece increíblemente en medio de la Avenida del Ejército gracias, claro, a otro trasplante salvador. Viejos, queridos árboles.


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