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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Programa eslavo

Actualizada Domingo, 25 de mayo de 2008 - 04:00 h.

A manda (Jane) Roocroft , británica (Coppulls, Lancashire, 9.2.1966), no es soprano ignota para los aficionados al canto. Ha acumulado distinciones, trabajado un repertorio amplio con directores de primera línea y encarnado roles de peso.

Aquí ha llegado como Tatiana, el personaje femenino de Pushkin que encantó a Chaikovsky por su dimensión moral, de modo que aunque la novela original y la ópera lucen en el título el nombre del Don Juan frustrado, la verdadera heroína es quien apaga con la fidelidad conyugal las brasas reavivadas del amor juvenil. La lección moralizante es una cosa y la calidad musical, otra. Así, la página más famosa escrita para soprano en la ópera rusa es el aria de la carta que Tatiana escribe a Evgeni Onegin, cuando acaba de conocer al mozo y confiesa: "No he tenido fuerzas para controlar mi espíritu (...) Sé que Dios te ha enviado, hasta la tumba serás mi compañero". (La carta, conviene decirlo, no es en Pushkin muy original. ) Pero la volcánica misiva de la joven, desahogo más fiado al honor del corazón que a la vergüenza -según dice en la estrofa final-, no resulta comburente. Onegin apenas se da por enterado del estallido.

Roocroft ha interpretado esa ópera y alguna crítica destacó precisamente su "aria de la carta". Aquí, en versión concierto, sin mesa ni recado de escribir ni indumentaria de época, de pie ante la orquesta y a la izquierda del director, el aria pudo parecer demasiado apaisada, plácida de expresión, fiada a la voz y nada más. La voz, experimentada y blanca, sin densidad dramática ni vibrato, resulta fluida en el legato y apreciable en el registro medio, cómoda en las escasas notas altas, abierta y sin sombras, pero también sin la penumbra a veces oportuna en una página vocal tan cambiante, del parlando a la borboteante efusión lírica. La corrección técnica de la soprano resultó superior a su intensidad.

Roocroft agradeció la ovación de la sala con la página más conocida de la "Rusalka". La domina. Ya aparece en su recopilación de hace catorce años. La Rusalka de Dvorák no tiene parecido con Tatiana ni siquiera con la Russalka de Dargomizhsky, basada en un poema de Pushkin. En la "Canción de la Luna" la solista aprovechó la línea melódica y desplegó un legato diestro y eficaz, acaso más agradable que emocionante, pero merecedor de los prontos y cálidos aplausos que cosechó.

Quizá fue en esa página, última antes del intermedio, donde más lució la orquesta en la primer parte. Porque la polonesa y el vals de "Eugenio Oneguin", dados en orden inverso a su aparición en la ópera, sonaron demasiado espesos y fuertes, sin la finura deseable. Ya va dicho muchas veces y desde hace mucho que la acústica de la sala merece más reparos que plácemes y que la configuración, los materiales o lo que sea -Higini Arnau no oculta su disgusto con quienes le consultan y luego no le hacen caso- hacen que la reverberación pueda llegar a ser aterradora. Los números orquestales de Chaikovsky, llevados con rotundidad masiva, sonaron con mucha fuerza y corta gracia, en particular el vals, al margen de su función en el hilo de la obra.

La calidad orquestal del acompañamiento en Dvorák, cuidado en la delicadeza tímbrica, sin abusar de algunos efectos fáciles a los que se presta la partitura, fue un anticipo de la Sexta de Shostakovich, sinfonía rara en su estructura -un largo seguido de dos scherzos, aunque vayan titulados allegro y presto-, cáustica y cargada de melodías, remembranzas y aun citas escasamente crípticas, pródiga en solos de indudable lucimiento y en pasajes más camerísticos que sinfónicos. Valdés, que llevó toda la tarde con autoridad y gestos precisos y seguros, sin excesos gestuales, sirvió una versión poderosa, contrastada y de notable equilibrio, especialmente plausible en el final, desbordante de velocidad y brillo. Un Shostakovich no menor.


Comentarios
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  • no se nombra para nada a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, que ha sido la que ha dado el concierto, y no se hace referencia a su calidad, por qué?luis

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