Familiares y amigos han vivido unas 91 últimas horas de incertidumbre y constantes cambios de estado de ánimo
La familia lo tuvo claro. Poco después de conocer el fallecimiento del montañero ya tenía decidido que no iba a pedir la repatriación del cuerpo. Determinaba así que, por respeto a la propia voluntad del navarro, Ochoa de Olza descansará para siempre en el Annapurna. "Iñaki no creía que fuera bueno arriesgar ni un solo minuto de la vida de nadie por rescatar un cadáver y no querría que nadie pusiera en peligro la vida por el suyo.
Nosotros pensamos lo mismo", decía ayer su hermano, Pablo, que ha trabajado junto al grupo coordinador de rescate durante estos días.
Con esa frase, tenía en mente a las catorce de personas que ayer permanecían en la cara sur del Annapurna y que no habían dudado en participar en el rescate en cuanto recibieron la llamada de urgencia el lunes por la tarde. "Por respeto a él y porque creemos que es lo más sensato para todos los que llevan días poniendo su vida en riesgo, Iñaki estará mejor allí, cerca de las estrellas, que aquí, debajo de la tierra. Porque, por muy navarro que se sentía, la montaña es el sitio al que pertenece", apuntaba Pablo.
Eran palabras que fluían desde la serenidad tras el fatal desenlace y el cúmulo de emociones vividos desde el lunes, sólo comparables con una auténtica cordillera de sentimientos. Cinco días de nerviosismo, tensión, alegría y esperanza. Cinco días pendientes del teléfono, de la meteorología, de las ascensiones de los equipos de rescate a contrarreloj. Cinco días de trabajo denodado del grupo coordinador del rescate que, encabezado por el montañero Koldo Aldaz, ha agotado todos los cartuchos, sin tirar la toalla ni un segundo, viviendo con intensidad cada una de las decenas de llamadas hechas y recibidas, conteniendo el aire a cada noticia sobre Iñaki, buscando la mejor solución para bajarlo de esos 7.400 metros de altura que le estaban matando.
Y es que sólo tres cuartos de hora antes de conocerse el fallecimiento, habían conseguido movilizar al embajador de España en la India para que éste intentara averiguar si existía un helicóptero que pudiera acceder hasta los 7.000 metros. La respuesta del embajador, el donostiarra Ion De la Riva Guzmán de Frutos, llegó unos minutos después del fatal desenlace, tras haber movilizado al Ejército nepalí. "No hay un helicóptero de esas características. Nos hemos quedado helados al saber la noticia. Aquí en la embajada llevamos tres días hablando de Iñaki, y yo, como hijo de pamplonesa, he contado a mis compañeros que era un montañero muy conocido y apreciado".
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