P ARA mí eras Iñako, siempre te llamo así y te seguiré llamando para ver por dónde andas. Últimamente te perdía la pista, ¿cuántos ochomiles eran? ¿once, trece, doce? ¿A cuál te dirigías? ¿de cuál venías? Ahora te tengo más ubicado. Te siento más cerca, Iñako.
PARA mí eras Iñako, siempre te llamo así y te seguiré llamando para ver por dónde andas. Últimamente te perdía la pista, ¿cuántos ochomiles eran? ¿once, trece, doce? ¿A cuál te dirigías? ¿de cuál venías? Ahora te tengo más ubicado. Te siento más cerca, Iñako.
Tengo la mesa llena de papeles, de teléfonos y esquemas de campos de altura. ¡Vaya semanita! y esto aún no ha acabado. Tus catorce amigos Horia, Don, Denis, Alexei, Ulie, Sergei, Mihnea, Alex, Simon, Robert, Pemba, Ongchu, Wangchu y Chhiring se han dejado la piel. Todavía están por allá arriba con mal tiempo, y seguimos con ellos, ayudándoles a que bajen.
En vaya lío nos has metido chavalote. No sólo nos has tenido estos días currando a destajo, sino que ahora tenemos que acostumbrarnos a que no te vayas y vengas, nos condenas a leer y releer tus artículos, sin percibir ya más tus progresos como fabuloso escritor del alma. De tal palo, tal astilla, heredaste la genialidad y la irreverencia. Por eso resultas brillantemente incómodo.
Te define tu fuerza, tu amistad inquebrantable y tu bondad personal. Los demás rasgos de tu carácter son anécdotas para quienes se quieran quedar en la anécdota.
Salúdame a Miriam, dile que nos suba también a vuestra estrella.
Salúdame a Nima, Kaji y Sharki, que nos cuidaron en el Everest.
Llévate una lista de los míos y cuídalos.
¿Por qué tú? ¿por qué así? ¿Quién sabe qué es mejor, esto o aquello? "Más vale morir en la montaña que morir de aburrimiento" decías a menudo.
Iñako, nos vemos. Laister arte, chitto bethoula, hasta pronto.
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