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JOSÉ JAVIER ESPARZA CRÍTICO DE TELEVISIÓN

"La televisión está abandonando todo contenido inteligente"

El crítico de "Diario de Navarra" censuró ayer en Pamplona los obstáculos con que se topan los católicos en la vida pública

Actualizada Sábado, 24 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • JESÚS RUBIO . PAMPLONA

Cuando trabajaba en Ya, al periodista José Javier Esparza Torres (Valencia, 1963), le encargaron hacer crítica de televisión. "No había casi en ningún lado y hacía falta, porque las privadas empezaban a emitir... era la España de las Mama Chicho", dice. Desde entonces han pasado más de 15 años, en los que no ha dejado de analizar los contenidos televisivos para el grupo Vocento y para periódicos como Diario de Navarra.

Ayer estuvo en Pamplona, en las Jornadas Católicos y Vida Pública, que se celebran viernes y sábado en el Salón Mikael. Habló de Valor y tibieza en la actuación en la vida pública de los católicos.

¿De qué habla en su conferencia?

De la libertad interior y exterior con la que la gente católica que está en la vida pública se manifiesta como católica. Desde hace tiempo se está convirtiendo en algo que requiere un acto de valor previo. En 30 años hemos pasado de una situación de estado confesional a un clima general de hostilidad hacia las manifestaciones de catolicismo. En una sociedad en la que no hay, o no debería, problemas con la libertad religiosa, las convicciones religiosas no restan sino suman para la vida pública. Más en el caso de las católicas, porque hay una búsqueda deliberada del bien común, de algo bueno para todos, no sólo para los católicos.

¿No debe quedar la religión en el ámbito privado?

Lo dijo bien Jürgen Habermas: el estado moderno no puede ser secular, porque convierte al ciudadano religioso en ciudadano de segunda clase, en el único que no puede explicar sus posiciones en público. Eso es perfectamente ridículo. El problema de relegar la religión a lo privado es que habría que establecer una verdad ética común en el plano social. José Antonio Marina, por ejemplo, cree que es deseable, pero no demuestra que sea posible. Lo que sí es real es que, una vez apartado el criterio de Dios, desaparece el criterio de verdad para cosas elementales como los derechos humanos, la objetividad del bien, la justicia...

Usted es crítico de una televisión que no parece muy sana para las convicciones católicas.

Ni para las católicas, ni para las protestantes, ni para las agnósticas. La televisión se ha convertido en un medio que busca solamente el entretenimiento y que está abandonado a marchas forzadas cualquier contenido inteligente. Son excepcionales, aunque se pueden contar con las dos manos, los programas que hechos, no ya desde un punto de vista intelectual o cultural, sino de respecto al espectador.

¿Qué es lo que más le irrita?

Estoy muy irritado con el Chiki Chiki, por la pretensión intelectual que tiene. Uno puede tolerar la payasada, porque es divertida, pero si se queda en el nivel de payasada. Si se plantea en términos de una complicada operación intelectual que hay que explicar en el Instituto Cervantes de Belgrado, como ha hecho el Chiquilicuatre, me parece una locura.

¿Qué le agrada?

Estos últimos años han venido series norteamericanas excelentes, estéticamente bien hechas, y con guiones que son auténticas obras literarias. CSI, Caso abierto, House... son muy buenas. Ojalá aquí fuésemos capaces otra vez de hacer algo parecido. Hace quince años, la ficción española empezó a ofrecer productos de calidad, pero se adocenó a toda velocidad. Fueron a buscar el target de público en vez de contar una historia.

¿Qué han aportado las nuevas cadenas?

La TDT ampliará la oferta y jugará en favor del espectador. Pero Cuatro y la Sexta no han aportado gran cosa desde el punto de vista de la programación. Salvo algunas inversiones en series que ha hecho Cuatro o algunas buenas que ha importado la Sexta, lo demás son lo mismo de antes.

¿Cuánto tiempo tiene que ver televisión un crítico?

Un mínimo de tres en prime-time y luego los programas interesantes de otros horarios.

Más de una vez habrá dicho: "Qué duro es mi oficio".

Sobre todo en los últimos tres años por la cantidad de repetición. Hay muy poco nuevo que contar.


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