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TOROS/ MADRID JUAN MIGUEL NÚÑEZ

Genialidad de Morante

Actualizada Sábado, 24 de mayo de 2008 - 04:00 h.

H AY que tener afición, soportar más de dos horas sentado en la piedra y bajo la lluvia, como los estoicos espectadores de hoy. Ni una protesta al arrancar el paseíllo ya con paraguas. Agua sin interrupción y arreciando. ¿Qué tiene el espectáculo de la corrida para aguantar así, sentado sobre la piedra dura y fría en pleno siglo XXI? Sin duda la ilusión, la esperanza en que sus protagonistas, toros y toreros, sean capaces de ofrecer sensaciones únicas.

Fue con Morante de la Puebla en el cuarto. También llegó a darse con El Juli en el quinto, aunque sin plenitud al firmar la obra con el borrón de la espada. Incluso Manzanares protagonizó pasajes deliciosos en el último. Como se ve, corrida con una segunda parte de mucha categoría.

No pasó prácticamente nada en los tres primeros. Pero con el cuarto cambió todo. Morante quiso mucho de salida, con tres verónicas de las que el poeta llamó "de alhelí". La plaza boca abajo. Y más: primer quite de dos lances y dos medias, de locura. Y segundo quite con verónicas finales a pies juntos. No se puede torear de capote con más arte.

Se esperaba ya lo mejor con la muleta, según el indicador del silencio absoluto que guardó la plaza en la apertura de faena, que abrió Morante por alto con mucha gracia y estilo. Pura filigrana antes de ahondar en lo fundamental, el toreo por la derecha con desmayo y suma despaciosidad. Así tres series que fueron creciendo en ajuste y sentimiento, las tres con perfectos y deliciosos remates, ora con trincheras, ora con los de pecho con previos e interminables cambios de mano.

En el primer ensayo al natural no fue tan buena la respuesta del toro, que hasta ahí se había venido siempre de largo y por abajo, pronto y con "transmisión". De modo que el equilibrio de cabeza y sentimiento que guardaba la faena recomendó volver a derechas. Y otra vez a soñar, "rompiéndose" el torero de forma increíble. Ya las tandas sin solución de continuidad. Morante se vació por completo.

Todavía insistió por el pitón izquierdo aun a fuerza de sacrificar la ligazón puesto que las embestidas se iban espaciando por la falta de continuidad en el toro. Como recursos "las alegrías" de un molinete invertido y un torerísimo desplante. Morante en su salsa, y el toreo en su punto de mayor exaltación. El fallo en el primer viaje con la espada no le privó de cortar una oreja, y todavía hubo pañuelos para la segunda.

Tuvieron mérito tanto "El Juli" como Manzanares de intentar, y de hecho consiguieron, mantener el nivel de la tarde en sus respectivos últimos toros. "El Juli", muy firme y enrazado, con una faena de mucho mando y poderío haciendo doblegar a un astado que se movió mucho pero sin tanta clase ni entrega. Y Manzanares, recital de temple y compás, con un toro que no aguantó tanto.

Al final la gente cayó en la cuenta de que llovía. Pero sólo después del último arrastre.


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