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TOROS/SAN ISIDRO JUAN MIGUEL NÚÑEZ

Valor seco y buen corte de Iván Vicente

Actualizada Viernes, 23 de mayo de 2008 - 04:00 h.

N INGÚN toro claro en la tarde para hacer el toreo. O en todo caso, el único toro definido del todo, el primero, fue malo con ganas. Hubo también uno, el tercero, que apuntó bien al comienzo, pero yendo paulatinamente a menos.

La gente no valoró lo suficiente el esfuerzo de Iván Vicente en aquel primero, y desde luego estuvo tremendamente fría con la bonita faena de Eduardo Gallo a ese tercero. El resto de la función fue un quiero imposible por culpa de los toros, deslucidos al máximo.

Vicente fue el destacado de la tarde, por agallas y capacidad para resolver. Muy por encima del mencionado "marrajo" que abrió plaza, un animal grandón y reservón, que no humillaba y salía distraído de los encuentros. Toro manso y con genio, y "orientado", sabiendo siempre lo que se iba dejando atrás.

Con el viento como dificultad añadida, Vicente tragó una barbaridad. Muy firme, la cabeza muy fría, acertó en la distancia y "los toques" oportunos. Muy quieto, hasta el punto de que cada muletazo era un susto. Vicente estuvo arrogante y muy capaz, torero en todos los sentidos. Fue una pena que no cayera el toro con la espada dentro. Después de dos golpes con el descabello, aviso incluido, la cosa quedó en una simple ovación.

El cuarto fue toro a menos, como la misma faena. Toreo de valor seco el de Vicente, pero también de corte exquisito. Sin embargo conforme avanzaba el trasteo se iba descomponiendo el toro.

Jiménez cargo con los dos más insulsos. Manso, blando y "sin transmisión" su primero, que embestía andando y se paraba a mitad del muletazo. El hombre le buscó las vueltas pero fue inútil. Un esfuerzo grande al que no correspondió el toro, pues surgieron los muletazos muy de uno en uno y sin calado.

El otro, incierto y sin fijeza, fue también un espejismo. La faena no tomó vuelo y las ganas de Jiménez sirvieron sólo para tapar lo malo del toro.

Gallo, injustamente tratado por el tendido, que acogió con suma frialdad su primera faena. Pero quizás fue precisamente ese pasaje el que quiso utilizar como recurso para "meter" más a la gente en la faena. Con el capote toreó de maravilla, lances de manos bajas y a pies juntos con dos medias de mucho empaque. Muleta en mano las tandas por la derecha, llevando al toro muy enganchado, tuvieron además ajuste y verdad. Gallo se gustó mucho por ese pitón con un toreo exquisito y profundo, aunque le mayoría no lo quiso paladear. Y cuando el torero se quiso pegar "el arrimón", incomprensiblemente la gente reaccionó en contra.

El cambiante sexto arrollaba por sorpresa y Gallo no terminó de centrarse con él. Antes de despenarlo aguantó un par de coladas y sufrió asimismo un desarme.


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