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CRÍTICA DE CINE | MIGUEL URABAYEN

Ojo por ojo

Actualizada Miércoles, 21 de mayo de 2008 - 04:00 h.

S I en un ordenador tuviéramos la lista de títulos de películas norteamericanas de varias décadas podríamos conocer con certeza las palabras más frecuentes en los miles y miles correspondientes a las obras proyectadas en las pantallas durante ese tiempo. Sin tal lista, de memoria, se puede pensar que entre esas palabras estaría "venganza" porque muchas historias que hemos visto tenían ese tema y además la llevaban en su título.

No todas, aunque su argumento se base en el muy extendido sentimiento de "ojo por ojo".

Por ejemplo, Sentencia de muerte, que hace pensar en algún proceso y la aplicación de la pena capital, vigente todavía en Estados Unidos. Pero el tema es distinto porque trata de la decisión de una banda de criminales. Quieren eliminar al protagonista, un padre de familia que ha matado al asesino de su hijo. Así pues, trata de varias venganzas. Primero, la del padre. Después, la de la banda. Y más aún, la del padre por nuevos asesinatos contra su familia.

Como puede suponerse, es una película muy sangrienta. Si recuerdo bien, son 13 muertes violentas y detalladas o sea 1 cada 8 minutos. Pero, claro, esto es un promedio. Hay momentos, sobre todo al final, en que los tiroteos dejan varios cadáveres en muy poco tiempo. Como acaba reconociendo el protagonista, Nick Hume, él ha sido responsable de todo lo que ocurre. Y tal como los realizadores presentan la acción, su película quiere demostrar que erigirse en sustituto de la justicia no es una buena solución (lo dice la detective Wallis). Además, según vemos, el precio que paga Nick es el de actuar como uno de los criminales (lo dice Billy, jefe de la banda, al final del último tiroteo). Aparte quien lo diga, la película refleja ambos aspectos en su desarrollo.

Sentencia de muerte ha sido dirigida por James Wan, australiano de ascendientes orientales, que obtuvo hace tres años un gran éxito con Saw, su primera película norteamericana. La actual es muy inferior. Primero, por su falta de originalidad ya que la situación básica recuerda mucho a la de El justiciero de la ciudad (1974, con Charles Bronson) y a su reciente imitaciónLa extraña que hay en ti (2007, con Jodie Foster). Segundo, por las exageraciones que se permiten los realizadores en varias ocasiones.

Las principales se refieren al protagonista, un hombre de buena posición que quiere profundamente a su familia -esposa y dos hijos- pero no parece ningún atleta. Sin embargo, le vemos hacer cosas propias de un luchador con enorme resistencia física. No solo sale vivo de peleas mortales y de una prolongada persecución con toda la banda criminal detrás de él. También es capaz de escapar del hospital y enfrentarse pocos días después a una durísima lucha a tiros y a golpes a pesar de estar convaleciente. También resulta excesiva una de las muertes causadas por Billy, tan inesperada como absurda.

Cambio físico

Otro aspecto que es pura retórica visual es el cambio físico de Nick poco antes del final. El afeitado de su cabeza parece un recuerdo del que hacía Travis Bickle (Robert de Niro) en Taxi Driver. Nos queda la duda de si ese recuerdo es del propio Nick o del director James Wan.

Kevin Bacon lleva el peso principal de la interpretación. Siempre ha sido un actor eficaz que durante varios años se especializó en villanos. Aquí, como Nick Hume, no tiene la culpa de las exageraciones de su personaje. Billy y sus cómplices tienen un recargado aspecto de malvados de comic. El mejor de los delincuentes es John Goodman, al conseguir dar a Bones Darley, el vendedor de armas, una pizca de humor y verosimilitud.

EN RESUMEN: SERIE SUCESIVA DE VENGANZAS SANGRIENTAS, CON FUERTES EXAGERACIONES.


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