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HÁBITOS EN LA HOSTELERÍA

Novedades también para la franja de día

Los hermanos Casanova o los Portillo son veteranos del sector. Desde sus establecimientos de las calles Navarrería y Nueva hablan, como lo hace Emilio Carrasco en la Inmaculada, del poteo que desaparece y de un horario que se adelanta

Actualizada Martes, 20 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • M.P.A. . ESTELLA

CONTABA recientemente en estas páginas Jesús López Gastón que las puertas del Stay-Boy, al que sustituyó la heladería Lerma, no cerraban hasta las dos o tres de la madrugada en unos años en los que se salía a diario. Nombres como éste forman parte de un capítulo de la historia local al que pertenecen desde discotecas como Oasis, Naxos y Aster a hasta bares tan diferentes como La Buhardilla, el Nela, el Javier, el Txoko o el Moli, actuar bar de la estación.

"Poco a poco fueron cerrando, en parte porque la gente dejó de salir por la noche de forma cotidiana. Hoy en día hay que abrir a las siete y media de la mañana para dar ese servicio. Ocurre también que gente prefiere tomarse tres vinos buenos en tres bares que recorrer un montón de establecimientos", argumenta.

En la calle Navarrería

Abierto desde julio de 1976, el bar Izaskun es decano en la calle Navarrería. Prototipo de los establecimientos que amplían la jornada diurna hasta las primeras horas de la madrugada constata el mismo cambio de tendencia del que se habla en la zona nueva. Jesús Portillo González, propietario del local junto a su hermano José Luis, cuenta que, en estos momentos, la recaudación de un sábado cualquiera es la mitad de la que tenía hace sólo año y medio. "Antes salir era la única vía de escape y hoy hay muchas formas de divertirse. Cuando reformé el bar en los noventa esta zona estaba a tope los sábados tanto dentro como en la calle. Y se salía también a diario, aunque fuera a tomar un zurito", argumenta.

Portillo, de 54 años y con 38 en la hostelería, habla en términos similares del chiquiteo que tradicionalmente atrajo hacia su bar a cuadrillas antes de comer y por la tarde. "De los pueblos viene muy poca gente y está también la situación económica. Las costumbres están evolucionando muy deprisa y a veces me veo como una especie a extinguir en hostelería", subraya Jesús Portillo.

Quince años en el Andén

Del casco viejo a una de las arterias principales de la ciudad. Quince años son los que Emilio Carrasco Merino, de 53, lleva al frente del bar Andía, abierto desde la hora del desayuno a las once de la noche. Como para compañeros de otras zonas, el poteo es hoy casi testimonial salvo para unas cuantas cuadrillas por encima de los cincuenta. "De 40 para abajo la gente sólo vienes viernes y sábado y, a partir de las nueve de la noche, Estella está vacía entre semana. Yo creo que nos han apretado tanto los tornillos y tenemos tantos gastos que ya no llega para esto. Hay tanto consumismo, se quieren tantas cosas que algo hace falta suprimir. Y me parece que la hostelería es u na de esas cosas que antes se quitan", subraya.

El bar Manuel en la Calderería de Pamplona y otro local en Mendavia precedieron a su actividad en Estella, centrada durante el día en desayunos, almuerzos, la hora del café o la del poteo. "Ahora tenemos que aguantar el tirón porque hay que adaptarse a estos cambio. Luego está el tema de los alquileres de los locales, por los que se pagan rentas muy altas y que es otro de los aspectos importantes para el sector", argumenta.

Próximo a la plaza

Veteranos también en el sector son los tres hermanos Casanova Pitillas. El establecimiento de José Ignacio, Pili y Paco combina el bar de la planta baja con el restaurante en la primera que la familia abrió en la calle Nueva, en la antigua Fonda Arza, en 1979. El grueso del trabajo se lo lleva en este momento el tema de comidas y, como explica, costumbres que en otro tiempo llenaban el bar caen ahora en picado. "El aperitivo depende de los días, pero los únicos que chiquitean todavía son algunas cuadrillas de personas más mayores que se resisten a dejarlo. Los jóvenes, nada de nada en este sentido, así que lo fuerte para nosotros está ahora en el restaurante. El menú del día constituye nuestro caballo de batalla de lunes a viernes y también hemos recuperado las cenas del viernes por la noche", cuenta José Ignacio Casanova.

Más que de crisis, este veterano hostelero habla también de auparse a los cambios y de ajustar a ellos los horarios. Por ejemplo, y en su caso, ha reducido el número de horas por la tarde y mantiene el bar cerrado entre las cinco y las siete. "Los movimientos que vemos pueden ser también casualidades, pero lo cierto que, local que cierra, local que desaparece. Estella es un punto muy atractivo y ahora bien comunicado, con el Camino de Santiago que nos trae también a mucha gente con el buen tiempo. Así que hay que relanzar este tema", comenta.


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