L A celebración en El Sardinero por la permanencia dejó un buen puñado de detalles que no pasaron desapercibidos, como las lágrimas de Martín Astudillo. Antes de que le cortaran la coleta en el vestuario sus compañeros, el argentino había dado más muestras de su implicación en Osasuna llorando sin remedio segundos después de que Mejuto señalara el final.
El Pulpo no ocultaba su emoción y sentimiento rojillo a pesar del poco tiempo que lleva en el equipo navarro, desde el último día del mercado de invierno. Su continuidad está más que complicada en estos momentos, pero en estos cuatros meses ha demostrado ser un futbolista perfectamente válido en las tareas de contención del equipo y una persona comprometida.
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