La violencia siempre es injustificable, pero mucho más cuando llega amparada en el anonimato cobarde amparado por un grupo.
Golpear en la cabeza con un bate de béisbol a un joven que está tomándose una caña, por el mero hecho de ser seguidor de un equipo de fútbol, es propio de mentes enfermas. Darse a la fuga después sin dar la cara es lo mismo que hacen los terroristas.
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