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MIGUEL ÁNGEL ECHAURI PINTOR

"Mi sueño es abrir un museo que lleve mi nombre"

"Las Bardenas están en mi interior desde que las vi por primera vez. Me impactan sus contrastes de luz y sombra"

Actualizada Lunes, 19 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

A sus 80 años, continúa en plena forma como pintor, motivado por la ilusión de crear su propia colección particular de cuadros. Miguel Ángel Echauri sueña con la posibilidad de que algún día su casa se convierta en un museo para que la gente siga disfrutando de su obra. Empezó a pintar "muy seriamente" a los 22 años, cuando se afincó en Uruguay, un país que consideró "culturalmente propicio" para la actividad artística.

La huella de aquella época sigue tan presente que Echauri continúa pintando sin luz natural, como lo hacía en el país latinoamericano, cuando no le quedaba más remedio que pintar de noche.

Han pasado cinco años desde que presentó su última exposición.

En los últimos quince años, todas mis exposiciones las he hecho sin ventas, para mostrar mi colección particular. Mi sueño es abrir un museo que lleve mi nombre, en mi casa de la calle Nueva.

¿Cuántas obras forman parte de su colección?

Cerca de cien. Las tengo colgadas en mi casa, algunas arrinconadas contra la pared. Afortunadamente, dispongo de cuatro plantas.

¿Cómo vive ahora su pasión por la pintura?

La mano no me falla del todo, pero los ojos me lloran mucho. En fin, son contrariedades muy particulares y las supero. Puedo llegar a pintar incluso mejor que antes. Ahora domino más la luz. Antes el cuadro era más homogéneo, y ahora los contrastes entre la luz y la sombra son más fuertes. Además, los detalles están más trabajados.

¿Qué le parece que a su pintura se le considere "realismo fantástico"?

Bien, porque miro mis cuadros y realmente tienen algo de las dos cosas. Pinto de memoria.

¿Cuánto debe al paisaje de las Bardenas?

Las Bardenas están en mi interior desde que las vi por primera vez. Cuando pinto un paisaje, siempre hay pedazos que se pueden identificar con las Bardenas. A mí me encajan muy bien. Me quedo impactado con los contrastes, cuando la luz es fuerte y se produce una sombra muy dura. El paisaje verde del norte de Navarra también me llena de entusiasmo, pero no me sugiere.

¿Le gusta retratar los mismos objetos?

Sí, tengo muchos que están por el suelo de mi estudio. Entonces cojo uno y lo voy cambiando con otros elementos. Le pongo telas diferentes y ya no parece el mismo objeto, es diferente.

¿Siempre tiene claro el cuadro que quiere pintar?

Sí. Además tengo el vicio de pintar con luz artificial. Cuando estuve viviendo en Uruguay, me acostumbré a pintar así. Para subsistir, tenía que trabajar durante el día y sólo podía pintar de noche, con focos. Se convirtió en una costumbre, pero el resultado me daba una personalidad diferente. En este momento, tengo un estudio en el que podría pintar con luz natural, pero no se me da bien. Cierro todo herméticamente, como si todavía estuviera en Uruguay.

¿Qué momento del día prefiere para ponerse a pintar?

Ahora que soy viejo me tengo que moderar un poquito, porque antes me despertaba de noche y me ponía a pintar. Ahora le saco más rendimiento a la mañana. Después de desayunar y leer el periódico, subo a mi estudio y pinto cuatro o cinco horas, hasta la hora de comer. Por la tarde no pinto, prefiero salir a pasear.

¿Qué piensa cuando le dicen que su pintura es poco evolutiva?

Considero que no es exacto. Mi pintura de hace 25 años no tiene nada que ver con ésta. Cuando volví de Uruguay, en 1964, cambié totalmente mi forma de pintar. Reduje la gama cromática -nunca muy intensa, pero sí extensa-, empleando únicamente tonos fríos: grises verdosos, azules grisáceos, etc. Del mismo modo, reduje también el empleo de un dibujo muy definido. El resultado fue una pintura muy expresiva y algo dramática.

¿Y si un día no pudiese pintar?

Mejor no pensarlo, porque sería horrible. Siento la necesidad de seguir pintando, de hacer el trabajo que amo y que me ha dado tantas satisfacciones.


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