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TERRORISMO

"¡Estoy aquí!"

"Atrapado, a 2,5 metros de profundidad y a oscuras, nos hablaba y transmitía serenidad"

Actualizada Viernes, 16 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • LAURA PUY MUGUIRO . PAMPLONA

DE repente, el bombero dejó de escarbar entre los escombros y se quedó quieto, escuchando. Para sus compañeros, fue una señal inequívoca de que algo pasaba, de que había oído un ruido, y todos le imitaron. Aquel momento de silencio fue tenso, pero "olía a esperanza". Y entonces, lo oyeron. "¡Estoy aquí!". El sargento de la Guardia Civil, el tudelano José Javier Cabrerizo Fernández, estaba vivo.

Dos horas más tarde, cuando el miércoles aún no había amanecido, esos ocho bomberos del parque de Vitoria sacaban al agente de entre los restos de los dos pisos de la casa cuartel de Legutiano que cayeron sobre él cuando ETA hizo explotar la furgoneta bomba a las tres de la madrugada. "Hablamos con él durante todo el rescate. Conforme nos íbamos acercando, la conversación era más fluida. Quería saber cómo estaban su pareja [guardia civil y también herida] y sus compañeros. Y atrapado, a dos metros y medio de profundidad, a oscuras, sin saber qué tenía alrededor, nos transmitía serenidad con su forma de hablar. Increíble. Ni agobios ni histerismos por sacarlo de allí cuanto antes. Tranquilidad", recordaba ayer Félix Díez de Miguel, cabo de bomberos y uno de los rescatadores. Ayer, Cabrerizo, de 41 años, se recuperaba en la UCI del Hospital de Santiago de la fractura de vértebra operada.

"Ha sido una explosión", fue el aviso a los bomberos. En los 14 kilómetros a la casa cuartel les confirmaron que era un atentado, y lo verían enseguida con el escenario caótico que encontraron al llegar: un gran socavón donde había estado la furgoneta, trozos de árboles, ruido de escape de gas, cableado que chisporroteaba, agua que escapaba de las tuberías rotas, aleros que caían, huecos donde hubo paredes, pequeñas nubes de humo, heridos, personas deambulando entre los restos de la casa cuartel... "El edificio estaba colapsado: derrumbado, podía seguir derrumbándose", apuntaba ayer el subinspector de bomberos Asier Luja.

Fue un rescate peligroso, por la estabilidad del edificio, y duro, por el esfuerzo físico de quitar las piedras una a una, con las manos. Pero sabían dónde buscar porque la Guardia Civil les había dicho en qué lugar concreto debían buscar a las dos personas que faltaban. Formaron dos grupos de rescate. "Donde nos dijeron se trabajó y allí se encontró a los desaparecidos", añadía Luja. El segundo era el guardia civil fallecido, Juan Manuel Piñuel, al que Díez localizó también a dos metros y medio de profundidad. Y entonces, su compañero escuchó un ruido, y se concentraron en buscar al sargento Cabrerizo.

Para comunicarse con él, los bomberos hablaban siempre del mismo lado, y así no le desorientaban. "No dejábamos de animarle, de decirle que no se preocupara, que estábamos llegando, que íbamos bien. Nos contestaba y eso nos daba ánimos para seguir trabajando", señalaba Díez. No les importaba mojarse bajo la lluvia o no haber comido ni bebido en horas para reponer fuerzas. "Parecía que ni nos cansábamos".

La emoción al llegar a él

El agente quiso saber cómo estaba su pareja. "La habíamos rescatado con el camión escala porque estaba en el primer piso y no podía moverse por tener una pierna herida", decía Luja.

Hora y media después, los bomberos accedieron hasta el sargento. Le lavaron la cara, le pusieron una manta bajo la cabeza y mojaron sus labios con agua para refrescarle. "Le tocábamos la cara como para decirle que estábamos con él. Fue muy emocionante", recordaba Díez. Una placa de forjado de cerámica de lo que había sido el suelo del edificio había hecho de parapeto para el sargento. "Había caído sobre él como si fuera un libro algo abierto, unos 40 grados. Y en ese hueco estaba él, con escombros encima y alrededor. Pero podía respirar". Lo desatraparon y lo llevaron a la ambulancia. Ningún bombero hablaba. "Mirabas la cara del compañero y sabías que reflejaba la tuya". Satisfacción. Habían conseguido algo que parecía imposible unas horas antes y que permitía que hoy el sargento se esté recuperando de sus heridas.


Comentarios
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  • Yo soy de Tudela, un año mayor que el desatrapado y es un chaval normal y corriente que decidió currar de guardia civil para ayudar a la gente. Cuánto lelo hay suelto por ahí.AUPA EL LOURDES, CHAVAL
  • "VIVA LA GUARDIA CIVIL"ACOMPAÑO EL EL DOLOR A LA FAMILIA,ESTO TIENE QUE ACABAR!!!!!!OJALA SUFRIERAN "LOS OTROS"EN SU PROPIA CARNE LO QUE SE SIENTE QUE ASESINEN A UN FAMILIAR.PIENSO QUE DEBERIAN HABER TAPADO LA CARA DE LOS GUARDIAS QUE SALEN EN LAS FOTOS,POR SEGURIDAD PARA ELLOS Y SUS FAMILIAS.GRACIAS. MARISA.B.MARISA.B.
  • *MUY BIEN POR EL MODO EN QUE SE EXPONE LA NOTICIA,SIEMPRE CON EL DIARIO DE NAVARRA,Y MIS MEJORES DESEOS PARA EL PRONTO Y TOTAL RESTABLECIMIENTO DE LOS HERIDOS.LA CAUSA ES IRROSOLUTA,PORQUE,CUANDO TRANSCURRA CIERTO TIEMPO LOS MISMO QUE HOY APERECEN UNIDOS,VOLVERAN A NEGOCIAR CON LOS AUTORES DE LA MISMA Y,SI DEJASEN LAS ARMAS HABRIA EXCARCELACIONES Y TODO LO QUE HICIESE FALTA Y,SE OLVIDARÍA DE HACER JUSTICIA.LUIS RAMON
  • ánimo a las familias de la guardia civil, ESPAÑA está con ellos.basta yaaaaaa deberian propones endurecer las penas en el codigo penal para lso terroristas.AUNQUE ESTAMOS EN UN ESTADO DEMOCRATICO DE DERECHO EN EL QUE SE ABOGA POR AL REINSERCION SOCIAL DE LSO PRESOS PARA ESTOS CASOS SE DEBERIA SOLICITAR CADENA PERPETUA.LAURA
  • Me gustaría expresar mi dolor a todo el Cuerpo de Guardia Civil y en especial a la familia del fallecido. También quiero agredecer la labor que hacen los bomberos, ya que sin su ayuda el sargento rescatado seguramente no estaría con nosotros. Y agradecer también a todos los agentes que han colaborado en acordonar, dirigir el tráfico, ayuda a familiares... María De Lucas

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