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Los equipos de rescate luchan contra reloj para salvar vidas entre las ruinas

El número de muertos podría alcanzar los 50.000, según datos oficiales dados a conocer ayer por el Gobierno

Actualizada Viernes, 16 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • ANTONIO BROTO . EFE. BEICHUAN

La ciudad de Beichuan, de 160.000 habitantes, es ahora una inmensa montaña de ruinas, en la que la tierra tiembla todavía a cada minuto y donde decenas de miles de sepultados tienen, según los médicos militares, las últimas horas de esperanza para salir con vida.

"Hoy es el día crucial. El herido que no sea rescatado hoy no sobrevivirá", aseguraba ayer tarde con pesimismo el doctor Wei, uno de los centenares de militares que trabaja en la ciudad.

Beichuan, a unos 50 kilómetros del epicentro del seísmo que el pasado lunes golpeó el suroeste de China, es probablemente la urbe que más víctimas mortales ha sufrido, ya que era la mayor localidad en la zona más castigada.

Los helicópteros sobrevuelan la ciudad, llevando ayuda y evacuando a los heridos, porque, entre la desolación, todavía hay esperanza: en un par de horas, se ve cómo los soldados transportan en camilla a seis o siete supervivientes, descalzos y con los ojos vendados. Malheridos, pero vivos después de tres días enterrados. Pero las camillas de enfermos se intercalan, de vez en cuando, con cadáveres envueltos en plástico. Se teme que entre 10.000 y 20.000 personas están sepultadas todavía, según el doctor Wei, y las esperanzas para muchos son escasas.

Las calles de Beichuan ya no existen, la carretera de entrada a la ciudad se hundió en la tierra enterrando a su paso a varios coches que todavía siguen incrustados en el asfalto, y las pocas casas que siguen en pie -una muy pequeña minoría- están inclinadas con diversos ángulos, creando una imagen dantesca.

Silencio de muerte

En las escasas calles a las que se puede entrar, entre carteles de los Juegos Olímpicos de Pekín y consignas comunistas del tipo "los funcionarios deben mejorar su cometido", la sensación es de silencio opresor, un silencio que parece indicar que muy pocos de los sepultados siguen con vida.

"Mis abuelos están allí. He venido para intentar sacar escombros con mis manos, pues el ejército sólo está trabajando en las ruinas en las que hay alguien gritando. También estoy llamando a gritos a mis abuelos, pero no me responden", cuenta Hu Xianlong, uno de los que sobrevivió a la inmensa destrucción de Beichuan.

Hu salió por su propio pie de las ruinas de su casa, y salvó también a su hijo. Ahora ambos se encuentran refugiados, como muchos otros supervivientes de Beichuan y otras zonas afectadas, en la vecina ciudad de Mianyang, que no quedó tan mal parada por el seísmo.

En lo que queda de Beichuan, trabajan sobre todo los soldados del Ejército Popular de Liberación, aunque también se ven muchos voluntarios, entre ellos un grupo de estadounidenses y canadienses que residen en Chengdu (la capital de provincial) y han decidido ir a ayudar a las víctimas. Uno de ellos señala un bulto de ropa entre las ruinas: "Ahí hay alguien todavía", asegura, aunque aún hay que conseguir que grúas y excavadoras lleguen a la zona para apartar los amasijos de hormigón y vigas. "Todavía no nos dejan. la carretera está imposible", reconoce el conductor de una grúa perteneciente a una empresa de Hunan (a mil kilómetros al este) que ha decidido enviar su maquinaria para ayudar.


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