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Degustaciones que dejan un delicioso sabor

La plaza del Baluarte atrajo ayer a cientos de personas que participaron en tres degustaciones populares. Se agotaron mil kilos de pochas, 120 de cordero y 50 de espárragos.

Actualizada Jueves, 15 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS/MICHELLE UNZUÉ/ AINHOA PIUDO . PAMPLONA

POCHAS, espárragos y cordero. Podría ser el menú del día, y lo mismo debieron pensar los cientos de personas que acudieron ayer a la plaza del Baluarte para participar en tres degustaciones distintas.

Mil raciones de pochas

Las pochas reivindicaron ayer su condición de verdura mediante una degustación en la que Gutarra sirvió mil raciones de este plato, preparado con salsa de piperrada. A la una del mediodía, medio centenar de personas formaban cola junto a la carpa que se había habilitado en la plaza del Baluarte para servir las raciones. Un cuarto de hora después, ya podían adquirir el plato, la cuchara y la servilleta.

Seis cocineros se encargaron de preparar un total de 18 cazuelas. La mayoría se sirvieron en la carpa, pero también se quiso reservar una parte para la sala Mezanina del Baluarte, donde a esa hora decenas de personas se habían concentrado para disfrutar del Túnel del Pincho.

En total, se sirvieron 250 kilos de pochas y otros 15 de guindillas para quienes quisieran añadir un toque picante al plato. Alberto Larráyoz, responsable de Marketing de Gutarra, resaltó un aspecto curioso: "Mucha gente piensa que las pochas son legumbres". Era el caso de las hermanas Venanchi y Benita García García. "Nosotras somos mayores y no tenemos costumbre de comer pochas. No las consideramos verdura", afirmaron sin soltar la cuchara. "¡Estas pochas están muy buenas!", confirmaron.

Paquita Serrano Aguilar, de Villava, que el lunes ya había participado en la degustación de ajoarriero, esta vez probó las pochas sin añadirles la guindilla. "Me saben diferentes a las que yo preparo en casa", dijo.

Hasta dos raciones de pochas comieron Consuelo Goldaracena Arrizurieta y Maribel Burgui Elorz, de 56 y 60 años respectivamente. "Nos han parecido muy caseras, están muy logradas", aseguraron.

Asiduas al Túnel del Pincho -"hemos probado 14 en dos días"-, el martes también acudieron a la degustación de ensaladas. "Nos pareció que no estaban bien condimentadas", opinaron.

50 kilos en 11 minutos

El oro blanco de Navarra, el espárrago, fue el protagonista de otra degustación que comenzó con 35 minutos de retraso, pero bastaron sólo once para que se agotaran las existencias. Conservas Ría puso a disposición del público en la plaza Baluarte 50 kilos de espárrago fresco, que habían recolectado a las siete de la mañana en Cadreita y que habían comenzado a pelar a las nueve. "Ha sido una cocción corta y en su jugo, empezando desde abajo, echando varias aguas y con las puntas hacia arriba. Con un poquito de azúcar y sal, y quedando con un poco de amargor", aseguró Carlos Ría, el propietario de Conservas Ría.

Los espárragos se sirvieron en raciones de diez unidades, con un calibre 20-24, ni muy grueso ni muy delgado. El público asistente los devoró en un tiempo récord, poco antes de que empezara el chaparrón. "Están buenísimos, suelo comprar espárrago de lata porque es más cómodo pero el tierno está mucho mejor", comentó Puy Romanzado. "Los espárragos de Navarra están como dijo el rey, cojonudos", afirmó Moisés García Almajano, un soriano que lleva 43 años en la Comunidad foral y que en su tierra de origen no encuentra verduras como las navarras. Otro de los asistentes a la degustación popular, Vicente González San Miguel, echó en falta "algo de vinagre o aceite para acompañarlos, pero están muy ricos".

Cordero pasado por agua

Si los espárragos se retrasaron, el cordero se adelantó. Y es que la intensísima lluvia que comenzó a caer hizo que el reparto, programado para las siete y media, se adelantara media hora.

Los asadores profesionales Carlos Ibarrondo y Fredi Martín, de Elorrio, comenzaron a asar los 120 kilos de cordero (doce reses) D.O de Navarra hacia las tres y media. La carne permaneció durante más de tres horas asándose al burduntzi, es decir, al carbón vegetal. Después, hacia las siete, llegó la tromba de agua.

El aguacero provocó que la cola se desdibujara completamente, y que la gente optara por esperar pegada a la pared del edificio de Baluarte o en una pequeña carpa que se había instalado en la misma plaza. Pero pocos renunciaron al plato de asado a media tarde, aunque tuvieran la indumentaria completamente empapado. Es más, se repartieron los ochocientos pinchos en unos veinte minutos. "Se ha quedado un poco frío, pero está bueno", comentaba un corrillo de tres señoras. "Hemos venido a todas las degustaciones", apuntaban, sin querer desvelar su nombre.

Los hubo que repitieron y también quienes intentaron enlazar el cordero con el tunel del pincho, que se desarrollaba a esa misma hora en el interior de Baluarte. Sin embargo, ya no se podía pasar. Otra multitud, ésta vez a cubierto, se afanaba en darle al diente.


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