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Aguascalientes acoge el museo de la muerte en su faceta más presumida

La "femenina Catrina" siempre ha sido importante para lograr la definición de la vida para los mexicanos

Actualizada Domingo, 11 de mayo de 2008 - 13:15 h.
  • AGENCIAS. Aguascalientes (México)

La muerte en todas sus expresiones artísticas encontró su hogar en el Museo Nacional de la Muerte de Aguascalientes, centro de México, ciudad natal del artista José Guadalupe Posada, creador de la representación mortal más característica del país, la femenina Catrina. El director del museo, Jorge García, explicó en una entrevista que el museo tiene unas 2.000 piezas donadas por el grabador Octavio Bajonero de representaciones mexicanas de la muerte, desde la época prehispánica hasta nuestros días, además de otras doscientas que han conseguido desde la inauguración del centro, en junio pasado.

García confió en que en mayo las más de 70.000 visitas que llevan hasta ahora aumenten considerablemente, ya que en Aguascalientes se celebra hasta el 18 de este mes la Feria de San Marcos, la más antigua y grande de México.

El director de este museo, dependiente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), aseguró que la "singular" relación de los mexicanos con la muerte "es una tradición muy arraigada en el pueblo mexicano, es una manera del apego hacia el ser querido, la propia tradición e incluso la religión".

"La muerte siempre ha sido un escalón importantísimo para lograr la definición de la vida, según el México prehispánico. Posteriormente la religión católica generó una fusión muy particular en la representación de la misma", indicó.

En el siglo XIX la representación artística de la muerte dio otro giro dentro de la gráfica mexicana, indicó García, donde "lo jocoso, lo lúdico, la poesía que define a todos como 'calaveras del montón' se vuelve algo importante".

"Todos estos estadios que ha pasado la vida de México es lo que vuelve singular la relación de los mexicanos con la muerte", aseguró.

El museo está conformado por dos inmuebles, el edificio Jesús Gómez Portugal, más conocido como ex convento de San Diego, y el edificio Humberto Martínez de León, también llamado el edificio rojo por sus cristaleras de ese color.

El recorrido del museo está dividido en cuatro secciones, la primera de las cuales gira en torno a la tradición funeraria en Mesoamérica.

Entre las piezas que hacen alusión a las deidades y rituales mortuorios prehispánicos de esta sección, algunas de las cuales son copias, se exhiben representaciones de Mictlantecuhtli, dios azteca de la muerte, facsímiles de los códices Borbónico, Magliabechi, Borgiano, Laud, Caspi y un tipo de códice con cabeza de perro.

García destacó especialmente una diminuta calavera de cristal de roca, que es un cráneo perfecto realizado con la técnica de pulir roca sobre roca, difícil de encontrar, y que refleja la luz y la descompone con perfección en los colores del arco iris.

En la sala dedicada al arte sacro, principalmente colonial, hay cráneos en miniatura en piedras semipreciosas y hueso humano, bisutería, alebrijes, una de las pocas Vírgenes de la Buena Muerte existentes, la cual lleva una calavera en las manos, elaborada en madera estofada y ataviada con manto en hilo de oro y un Cristo de caña del siglo XVI.

Otra de las secciones está dedicada a las artesanías que representan la muerte procedentes de diversas regiones de México, y entre las piezas se muestran miniaturas, calaveras, árboles de la muerte de Metepec, juguetes, entierros y una calavera de cristal de plomo.

Una de las salas muestra ejemplos de representaciones de la muerte por parte de artistas extranjeros.

En el edificio rojo el visitante se encuentra con la plástica y la gráfica contemporánea dedicada a la muerte, con obras de los grabadores Octavio Bajonero, Alberto Castro Leñero, Carlos García Estrada, Nunik Sauret, Francisco Toledo y Roberto Montenegro, entre otros, y por supuesto la catrina original de Posada.

"El mexicano distingue a la catrina como el símbolo principal de la mujer bella pero del más allá", señaló García.

"Los mexicanos se empiezan a acostumbrar a un tema que de repente les puede parecer raro, pero que al verlo lo comprenden porque lo identifican completamente con su forma de celebrar a la muerte", concluyó.


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