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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Confianza y calidad

Actualizada Sábado, 10 de mayo de 2008 - 04:00 h.

S E dice que las coincidencias no existen, pero las hay. El miércoles pasó por aquí Zimerman, que remató su actuación con unas variaciones primerizas de Karol Szymanowski.

Anteayer fue el director Antoni Wit, también polaco (Cracovia, 1944), actual titular de la Orquesta Filarmónica de Varsovia, segundo premio de dirección Herbert von Karajan (1971), con nombres gloriosos en su currículum -Filarmónica de Berlín, London Philharmonic, Philharmonia también londinense, Sinfónica de la BBC, Staatskapelle de Dresde, Zurich Tonhalle Orchestra, la romana Accademia di Santa Cecilia-, quien vino con un programa raro por estas latitudes meridionales.

Fue una sesión suficiente para probar -si hubiera alguna duda- que una orquesta cambia a veces radicalmente según quién ocupe el podio. Se dirá que Wit es un especialista en músicos eslavos, no sólo compatriotas -su "Má vlast" de Smetana fue muy aplaudido-, pero si nos atenemos a lo que oímos anteayer, es sobre todo un director competente que logró de la orquesta versiones muy apreciables. Quizá, al evidente dominio del repertorio y al oficio contrastado del batuta, debemos añadir la palmaria corriente de confianza establecida entre la plantilla y él, imprescindible para un buen trabajo. Una orquesta no se metamorfosea en una tarde,desde luego, pero, fuera por lo que fuera, la OSN parecía otra. Sonó con calidades infrecuentes.

Pudimos apreciarlas desde el primer ataque en Lutoslawski y las frases incisivas a cargo de Arantxa Almoguera con el flautín que evoca la fujarka. La suite, de 1950-51, trabaja temas folklóricos, pero muestra una mano muy ducha y personal en el tratamiento de la orquesta. Wit logró efectos brillantes, especialmente en los números rápidos. En el tercero, "Piosenka", indicado andante poco poco sostenuto, el refinamiento fue acaso superior, pero el resultado menos encendido.

Si tuviera que destacar una obra, sería sin duda la sinfonía de Shostakovich, muy plausible por la coherencia, la pulsación, el cuidado del color, la intensidad -un gurú oficial soviético dijo en 1926 que la partitura carecía de ella- y la flexibilidad dinámica de la orquesta. Obra de juventud -el autor la estrenó cuatro meses antes de cumplir veinte años-, demuestra una finura de orquestación y variedad de registros sorprendentes, porque entrevera lirismo y trazos grotescos, riqueza melódica y habilidad armónica distorsionadora, frescor juvenil y densidad musical. Yuri Temirkanov sostiene que Shostakovich es el Pimen -monje cronista del "Boris Godunov"- de nuestros días y quien lea "Europa Central" de W.T. Vollmann lo admitirá. El scherzo resultó un dechado de precisión y humor, con intervenciones, fundamentales, del piano a cargo de Pedro Rodríguez.

También en el segundo concierto de violín de Szymanowski desempeña el piano papel importante, pero el protagonismo es de la orquesta y del solista, que hicieron un buen trabajo. Vadim Gluzman, con el Stradivarius Auer (1690), lució un sonido bello, limpio en las dobles cuerdas, especialmente en la cadenza del andante, y en los pasajes de virtuosismo, si bien el equilibrio con la orquesta se venció a veces a favor de ésta. No sucedió lo mismo en la obra de Wieniaski -"seguramente el violinista europeo más admirado del siglo XIX, después de Paganini", según el programa de mano-, en la que Gluzman derrochó arco y capacidad de canto.


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