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La Birmania no afectada por el "Nargis" acude mañana a las urnas

La oposición democrática ha sido excluida del proceso de redacción de la futura Carta Magna

Actualizada Viernes, 9 de mayo de 2008 - 10:29 h.
  • AGENCIAS. Rangún (Birmania)

Las áreas de Birmania (Myanmar) no afectadas por el ciclón Nargis votarán mañana en referéndum el proyecto constitucional redactado por la Junta Militar, que hizo caso omiso a las voces que pidieron su suspensión por la tragedia. El régimen anunció hace tres días el aplazamiento hasta el próximo 24 de mayo de la consulta popular en las divisiones de Rangún y del delta del río Irrawaddy, las zonas más devastadas por Nargis, que ya ha causado al menos 23.000 muertos, más de 42.000 desaparecidos y millón y medio de desplazados.

La oposición democrática, que ha sido excluida del proceso de redacción de la futura Carta Magna, solicitó sin éxito que el Gobierno pospusiera la cita en el resto del país, mientras el aparato de propaganda de la Junta Militar sigue ocultando a la población la auténtica magnitud de la catástrofe.

El régimen anunció el pasado febrero la celebración del referéndum constitucional, primer paso de su llamada "hoja de ruta" hacia la democracia que culminará, según su plan, con elecciones parlamentarias en 2010.

Pero a las legislativas no podrá presentarse la líder de la oposición democrática y Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, si se aprueba el texto constitucional.

Suu Kyi es viuda del profesor universitario británico Michael Aris y sus dos hijos tienen pasaporte del Reino Unido, circunstancias que, según ese proyecto, la descalifican como candidata a la jefatura del Estado.

Birmania no celebra comicios parlamentarios desde 1990, cuando el partido oficial fue aplastado por la Liga Nacional por la Democracia (LND), de Suu Kyi, unos resultados que jamás fueron reconocidos por los generales.

La LND, el movimiento estudiantil, grupos cívicos y religiosos y las minorías étnicas rechazan el borrador, que califican de operación de maquillaje encaminada a perpetuar el mandato de la jerarquía castrense, en el poder desde hace 46 años.

De ser aprobada, la Carta Magna reservará a los militares un cuarto de los escaños del Parlamento y la llave de ministerios clave.

Para asegurarse de que contará con el respaldo del pueblo, la Junta Militar lleva semanas acosando y deteniendo a todo el que osa hacer campaña en contra del referéndum, según el grupo Human Rights Watch.

Incluso propone a los reclusos de la sórdida prisión de Insein, al norte de Rangún, una reducción en sus condenas si votan a favor del texto.

Los medios de comunicación del aparato de propaganda estatal insisten a diario en que la obligación de todo birmano patriota es votar "sí", mientras acusa al resto de querer resquebrajar la unidad nacional.

En particular, el Gobierno quiere evitar a toda costa que se reproduzcan los actos de protesta del pasado septiembre.

La pagoda de Shwedagon, de donde partieron las marchas pacíficas a favor de la democracia encabezadas por los monjes budistas el pasado septiembre, ha sido clausurada por las autoridades y los comerciantes de los alrededores han recibido la orden de echar el cerrojo a sus puestos de venta de recuerdos.

No obstante, vecinos de este barrio de Rangún indicaron a Efe que desde el mes pasado grupos de hasta cien personas, entre ellas algunos religiosos, llevan a cabo esporádicas concentraciones en la barriada, antes de huir del acoso de las fuerzas de seguridad.

"Aparecen de repente, en pequeños grupos, y entre ellos siempre hay más de una decena de monjes", explicó un residente de 73 años que por motivos de seguridad pidió el anonimato.

El otro punto neurálgico de la ola de manifestaciones ocurridas hace ocho meses, la pagoda de Sule, en el casco viejo de Rangún, está cerrada desde hace varias semanas.

"La gente está muy molesta con el Gobierno por la subida de los precios de los alimentos", explicó a Efe Maung Thaw, un tendero de la zona.

El régimen lo sabe, y por ello vigila a los ciudadanos con pequeñas patrullas de los servicios de inteligencia, vestidas de paisano pero que dejan ver la pistola que portan en la cintura.

La prioridad es que no se produzcan incidentes y no si el pueblo está suficientemente informado acerca del proyecto constitucional, como demuestran las escasas tiendas que todavía venden ejemplares del texto al precio de 1.200 kyat (casi 4 dólares al cambio oficial, 1,20 en el mercado negro).

En una nación donde la mitad de la población malvive con menos de un dólar al día, los birmanos prefieren disponer de un cuenco de arroz con el que alimentarse a conocer el futuro que les depara el régimen militar.


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