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FÚTBOL

El vestuario tras la fiesta madridista

Bernd Schuster dejó pizarras con los marcajes a cada jugador, la estrategia en los córners o en las barreras

Actualizada Miércoles, 7 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • D.N. . PAMPLONA .

El diario Público presentó ayer una serie de imágenes de cómo quedó el vestuario madridista frl Reyno de Navarra tras la fiesta del equipo en él para celebrar el título de Liga. Público desvela cómo preparó el Madrid su victoria en Pamplona y cómo dejó la caseta tras conseguirlo.

Un vestuario encierra los códigos más íntimos de un equipo de fútbol, escribe en su reportaje Pepe García-Carpintero. Una hora después de haberse proclamado campeón, Sergio Ramos era el último en coger su maleta y dejar atrás el vestuario, o mejor dicho el solar en el que se había convertido el camerinotras la fiesta del 31 entorchado.

La caseta blanca era un festival de utensilio reutilizable. Los cascos de las botellas de cava catalán se unían en una mezcla surrealista con las de recuperación de líquido. ¡Cómo sería la fiesta que hasta se olvidaron dos botellas llenas en un rincón del vestuario! Los vestigios, sigue Pepe garcía Carpintero, a simple vista, evidencian una celebración por todo lo alto. Suelo inundado, fruta amontonada por el suelo... Un desparrame en toda regla.

Pizarras para todo

En la pared de acceso al vestuario, todavía colgaban las pizarras que daban al cuarto cierto carácter futbolero.

La última voluntad de Schuster antes de cantar el alirón. La estrategia era minuciosa. Para ello, el segundo del alemán (Manolo Ruiz) es el rey del detalle. Los madridistas, cuando salen al campo, ya saben hasta cómo se tienen que poner en la barrera.

Ejemplos de saques de esquina, quién tiene que marcar a cada rival en las faltas... Robben tenía orden expresa de esperar los rechaces. Saviola, siempre en el palo del portero para obstaculizar. Y la misión de Ramos y Cannavaro era marcar a las torres de Osasuna cuando se acercaran a las proximidades de Casillas. Hasta Heinze, por las órdenes de la pizarra, sabía de antemano que se las iba a ver tiesas con Cruchaga. Nada fue casual en la fecha del alirón.

Hora y media después del alirón, y con los protagonistas ya en La Saeta, uno de los utilleros madridistas, Esteban, cerraba la furgoneta en la que el Madrid transportó todo el equipaje del primer equipo a la capital.

Y se despedía en la puerta de acceso a vestuarios del Reyno de Navarra de sus colegas de Osasuna, que tanto le habían ayudado en la última hora con las innumerables maletas de los campeones: "Chicos, todo bien. Espero que nos veamos el año que viene". A la escena asistía meditabundo Patxi Izco. El presidente de Osasuna fumaba como si sus pulmones no pertenecieran a su organismo y los empleados le decían: "Patxi, ¡ocho minutos!. ¡Ocho minutos! No puede ser". Izco asentía.

La derrota había hecho demasiada mella entre los rojillos. Mientras, sus empleados se dirigían al centro neurálgico del alirón madridista. "Venga, que tenemos curro, y bastante. Para nosotros sí que es el alirón todas las jornadas", decían resignados, concluye el reportaje de Público.


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