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POLITICA

"Fue muy duro, pero volveremos a faenar"

Jaime Candamil, tripulante del "Playa de Bakio", trata de olvidar en tierra la "pesadilla" del secuestro en Somalia

Actualizada Lunes, 5 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • EFE. PASAJES (GUIPÚZCOA)

JAIME Candamil, uno de los tripulantes del pesquero vasco secuestrado por piratas en Somalia, pidió ayer "ayuda y protección" organizada a nivel internacional para los buques que faenan en aquella zona, con el fin de que "ningún marinero más" sufra esta "dura" experiencia.

"Ojalá sea el nuestro el último barco que cogen los piratas y que ningún compañero más pase por esto, porque es muy duro", expresó el tercer oficial de máquinas del Playa de Bakio. En un relato muy humano, espontáneo y emotivo, interrumpido por las lágrimas y la emoción que le embargaban, Candamil contó su vivencia personal durante la semana que casi duró el secuestro.

El veterano marinero, de 52 años, ha asegurado que el problema de la piratería en los caladeros del Índico "ha ido a más en los últimos años". Al Playa de Bakio lo asaltaron de noche, cuando estaba parado porque habían localizado un banco de pescado y se preparaba para faenar, por lo que cuando el marinero de guardia dio la voz de alarma ya tenían las barcas de los piratas "encima" y "pegaron un pepinazo con un lanzagranadas que si llega a coger a alguien no lo cuenta".

Los piratas "no eran como en las películas. No tenían ni pata de palo, ni parche en el ojo, ni tampoco iban con cuchillos, sino con lanzagranadas, fusiles y granadas de mano", subrayó el marinero de Pasajes, que aseguró que este tipo de asaltos son llevados a cabo por "grupos muy bien organizados", que cuentan con "buques nodriza que sueltan las barcas cuando detectan algo".

Después de abordar el atunero y obligar a la tripulación a acercarse a la costa de Somalia, un segundo "comando", con somalíes "más agresivos que los primeros", asumió el liderazgo, y durante los días que duraron las negociaciones para su liberación desfiló por el pesquero "muchísima gente". "Malos tratos no hubo ninguno, pero sí patadas a las puertas y amenazas", contó el marinero. "Gritaban mucho y metían mucho ruido".

Entre los momentos de mayor tensión, Candamil destacó la liberación y cómo por una radio pequeña que no les quitaron escucharon que se acercaba a la zona una fragata española.

"Estábamos rezando para que la fragata no llegara hasta el puerto", indicó Candamil, que explicó que los marineros temían un enfrentamiento de consecuencias fatales. "Después -agregó- gracias a ellos no nos volvieron a coger otros piratas". Candamil avanzó que, al igual que lleva haciendo desde hace 20 años, ahora descansará dos meses en tierra y volverá de nuevo a salir por cuatro meses a pescar al Índico. "A ver, con estas edades qué podemos hacer", lamentó. Hasta entonces sólo quiero intentar olvidar esta pesadilla".


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