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EL AMBIENTE

Noche infernal

El segundo tanto visitante que anotó Higuaín acabó por hundir a un público que esta temporada está sufriendo demasiado

Actualizada Lunes, 5 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • MARÍA VALLEJO . PAMPLONA

"El Reyno es rojo, aquí no sois nadie". Toda una declaración de intenciones. "Bienvenidos al infierno". Por si había alguna duda. "Siempre rojos, siempre fieles". Demostración de osasunismo. "Juntos lo lograremos". Una leyenda que ha perseguido esta semana al equipo en Tajonar y el Reyno. El estadio más infernal del planeta, Cuatro dixit, se engalanó para la ocasión como si del mismísimo averno se tratase.

Ya puestos, si hablan mal de uno, había que justificarlo.

Las llamas del infierno comenzaron a arder cuando el mediático Cantalejo, el árbitro que más ha hablado antes de un partido de la historia, convirtió una tarjeta de manual a Heinze en una a Azpilicueta por simular una caída. Los demoniacos aficionados de Osasuna, que habían empezado a hacer maléficos conjuros con el riau riau inicial, tan hermoso como siempre, se encresparon y sacaron los pañuelos blancos de todos los domingos.

De todas las protestas que se habían preparado, al final primó la espontaneidad. Ante el atropello, mosqueo. Pero había que tener cuidado en que no se volviera en contra de Osasuna. Así que cuando Casillas protestó que algo le había caído encima y Medina invitó a pedir por megafonía que dejaran de caer objetos, hubo enfado, pero también respeto.

El intercambio de golpes que preveía Ziganda en el campo se producía en una y otra área, pero la marchaestaba más arriba. "Estamos hasta los huevos", gritaba el Reyno.

Por eso, o quizá porque ya tocaba, o quizá porque Cannavaro se mereció dos tarjetas y punto, el Madrid se quedó con diez. Por fin, un árbitro era justo con Osasuna. ¡Noticia en el infierno!

La afición osasunista se había levantado con la enorme tristeza de verse en puntos de descenso y saber, que si la Liga terminaba ayer, estaba en Segunda, por aquello de tener peor golaverage que el Recreativo. La depresión había que curarla deseando que el Madrid fuera campeón antes del partido. Pues no.

Por lo menos, había que desear que los rivales no ganaran, y eso sí ocurrió. Fríamente, la jornada no había sido tan terrible. Pero había que ganar a un equipo que también quería ganar para ser campeón, que para eso había venido con toda la parafernalia.

Sin excusas

El futuro campeón se había plantado en el minuto 46 con diez jugadores y fue justo entonces cuando empezó a meter miedo de verdad. La grada empezó a pasar nervios de verdad. La cuenta atrás del partido había empezado. Con el corazón en un puño, apenas se escuchaban cánticos de ánimo. Podía la angustia. Tampoco el equipo transmitía la emoción que se pedía a un choque así. Pero cuando más muerto estaba el partido, todo se revolucionó. Medina Cantalejo pitó un penalti que fue, no podía quejarse ya Osasuna de él. Puñal lo marcó. Faltaba poco y la afición soñaba, lloraba de emoción.

Pero esas lágrimas no tardarían en tornarse en desolación. En un final de partido imperdonable para un Osasuna con todo a favor, todo se hizo añicos. Y el Madrid, campeón en el Reyno. El infierno se está haciendo realidad. Y esta vez no hay excusas.


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