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POLITICA

Niños y mayores, amigos en Betelu

La residencia de ancianos organizó un encuentro intergeneracional en su IV aniversario

Actualizada Domingo, 4 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • P.F.L. . BETELU

LOS niños de Betelu y del valle de Araitz acuden con naturalidad a la residencia de ancianos Amma Betelu. El centro geriátrico y el escolar han compartido varios encuentros intergeneracionales, donde mayores y niños se dan la mano, se conocen y acortan las distancias del trayecto vital.

La experiencia se repitió el pasado martes, con motivo del cuarto aniversario de esta residencia de ancianos, construida en el casco urbano, en el solar que durante años acogió al conocido Hotel Soravilla del balneario de Betelu. Medio centenar de alumnos de Educación Infantil y Primaria, de entre 3 y 10 años, alumnos del colegio público Araxes de Betelu, visitaron a los veinte residentes en el salón principal de la que es su casa. Los niños cantaron para los mayores y arrancaron la mejor de sus sonrisas, compartieron confidencias y, los nuevos, conocieron las instalaciones. Al mismo tiempo, la directora, María Jesús Beunza, ejerció de anfitriona en la exposición de fotos antiguas abierta ese mismo día en la residencia. Se trata de imágenes aportadas por los propios residentes y sus familias, en las que se plasman retazos de su periplo vital. También se pueden ver retratos del antiguo hotel Soravilla y del balneario. Tienen intención de aumentar el número hasta el mes de junio, cuando finalizarán la muestra.

Homenaje al veterano

Rufino Ormaechea Ormazabal cruzó el umbral de la puerta de Amma Betelu el 27 de abril de 2004, el mismo día en que el centro echó a andar. Fue el primer residente. Contaba entonces 78 años, hoy está viudo y es el motor de los internos. Lo constata la directora: "Fue él quien nos animó a organizar esta fiesta, lo que no sabía es que le íbamos a brindar un homenaje, es muy alegre, siempre está de buen humor, y lo contagia a los demás", explicaba María Jesús Beunza. La alegría de Rufino Ormaechea, natural de Lizartza (Guipúzcoa) y vecino de Atallo durante años, es evidente. Todas las mañanas, tras el Rosario en la capilla, canta unos bertsos compuestos por él mismo. También cantó el martes y resumió su estancia en el centro a los escolares que les visitaron. "Aquí estamos atendidos de maravilla, estoy muy contento y, entre todos, el día a día se hace más fácil", apostilla Ormaechea, quien alaba las cualidades del personal que les atiende.

La jornada contó también con una eucaristia, chistorrada y campeonato de bolos con reparto de diplomas.


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