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¿ALÓ...? ¿HICISTE TU TAREA HIJITO?

Ahmed Tidiane Sarr confía en la educación musulmana que su familia da a sus cinco hijos en Senegal

Actualizada Domingo, 4 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • TEXTO IÑIGO SALVOCH FOTOGRAFÍA EDUARDO BUXENS Y JOSÉ CARLOS CORDOVILLA

La vida de los emigrantes se escribe a menudo con renglones torcidos: travesías, peligros, mafias, discriminación... Además, muchos dejan a sus hijos atrás y deben afrontar por teléfono su papel de madres y padres.

B RYAN y Jordan son hermanos y viven con sus abuelos en Manizales, una ciudad del eje cafetero colombiano situada a pocos kilómetros del temido volcán Nevado del Ruiz. Bryan ha cumplido 12 años y cursa 1º de secundaria y Jordan, de ocho, anda por 3º de primaria. Los dos sueñan con el día en que puedan subir a un avión y seguir el rastro de su madre hasta Pamplona. Quieren abrazar a María Socorro González Cardona, una mujer que no ha cumplido los treinta y que hace cinco años abandonó su tierra con el título de ingeniero industrial en la mano porque el grifo de las ayudas del Plan Colombia se había secado y no tenía con qué financiar su proyecto de fin de carrera. "Era una pequeña empresa de exportación que me habían dicho que podía salir, pero los fondos de ayuda desaparecieron y mi sueño se truncó", recuerda. Ante la falta de expectativas laborales, alguien le aconsejó emigrar a España prometiéndole un futuro que no tardaría en descubrir no se parecía en nada a la realidad que hoy vive como empleada doméstica en Tafalla sin cotización a la seguridad social y un sueldo inferior a los mil euros, como tampoco al piso en mal estado que se ha permitido alquilar.

Su frágil perfil socio-económico le pone cuesta arriba la posibilidad de que le concedan el permiso de reagrupación familiar. Ni gana los 1.200 euros que exige la normativa, ni tiene un piso de dos habitaciones. Por ello, aunque no se atreve a comunicárselo a sus hijos, quizás Bryan y Jordan no puedan quedarse con ella en Pamplona. Aunque es duro, Socorro ya está acostumbrada a ejercer de madre por teléfono.

"Calabazas" en Colombia

Raro es el día de la semana en que no marca el número de la casa de sus padres en Colombia para hablar con sus hijos. Lo suele hacer a diario desde un locutorio de Tafalla y lo normal es que se deje hasta diez euros en cada conversación.

"Son muy respetuosos y cariñosos, por eso la educación no es tan difícil por ahora -explica su madre-. Ellos entienden que me vine acá para abrirles un futuro con más posibilidades. Aún así, es verdad que muchas veces me dicen que lo material no es todo en la vida y me piden que regrese junto a ellos".

Pero esta madre colombiana está atrapada en una situación que no le permite regresar a su país. Se tiene que enjugar los ojos antes de relatar que para venir, hace cuatro años, contrajo una deuda de 15.000 dólares que le obligó a hipotecar la casa de sus padres, la misma en la que viven ahora Bryan y Jordan. Le aseguraron que en pocos meses habría cancelado su deuda y que podría ahorrar lo suficiente como para regresar en poco tiempo a Colombia. A día de hoy, ni tan siquiera ha pagado la deuda que contrajo para llegar a España. "Aunque trabajo, no gano los suficiente como para pagar mi deuda y regresar, ni para traer a mis hijos".

Por eso, tiene que conformarse con hablar con ellos por teléfono. "Te lo cuentan todo. Un día te dicen: me conseguí un amiguito, o comimos ensalada de frutas, me duele la garganta... Otras veces, te preguntan por qué estás triste, e incluso hace poco Bryan me confesaba que había perdido cuatro materias y que se sentía muy mal al decírmelo. Muchos días te tienes que despedir de ellos y dejarles con las ganas de seguir hablando más". Y es que, a nada que se descuide, puede gastarse más de una cuarta parte de su sueldo mensual en teléfono.

Por si fuera poco, ella tiene ahora problemas con la renovación de su residencia ya que no puede justificar cotización con la Seguridad Social. Y eso le desespera. "Hay compatriotas que incluso se han llegado a casar con un viejito para poder traer a sus hijos. A mí me han propuesto trabajos de noche que por dignidad no he aceptado. Sin embargo, las situaciones que vivimos son tan límites que no puedes juzgar que otras personas lo hagan", asegura esta colombiana.

Socorro ha acudido a Anafe, el servicio para inmigrantes del sindicato CC OO, con el fin de asesorarse legalmente. Espera que ellos le puedan echar una mano en su avatares diarios y que de una vez pueda volver a formar una familia con sus hijos.

Cien dólares a Bolivia

Por similares circunstancias ha pasado Delia Mariscal, una mujer que dejó hace cinco años a su esposo y tres hijos en Bolivia porque todo escaseaba en Samaipata, un pueblecito del tropical departamento de Santa Cruz. Cuando aterrizó en España, Delia pasó la aduana sin dificultad, pero en San Sebastián de los Reyes (Madrid) le robaron 1os 1.500 dólares que traía para establecerse. Como no tenía papeles se lo pensó mucho antes de denunciar el robo y, a pesar de que no recuperó la "plata", gracias a una amiga llegó a Burlada y las cosas empezaron a enderezarse. Consiguió trabajo en el servicio doméstico, aunque lo ha compaginado con sustituciones, mediante contrato, en el centro Infanta Elena.

Gracias a ello, Delia Mariscal no tuvo problemas para la reagrupación familiar y pudo traer a su marido Gerardo Ticona, a sus hijas Lourdes Delia, de 18 años, y Olivia, de 11, y a su hijo varón Alan Gabriel, de 16. Pero, después de un año, Lourdes Delia, que estudió en el Instituto de Ibaialde, decidió regresar a Bolivia porque no se acostumbraba al inglés ni a muchas cosas de su nueva vida. Por no dejarla ir sola, su madre pidió a Alan Gabriel que la acompañara. Lourdes Delia quiere estudiar derecho en la universidad de Santa Cruz, un departamento que vive una complicada situación política y que hoy celebra un referendum autonómico declarado ilegal. A pesar de la convulsión, la madre ha decidido pagar allí a sus dos hijos un piso en anticrético(alquiler). Una señora los cuidará y tendrán a unos familiares también como vecinos.

Delia Mariscal se prepara para ejercer desde Burlada el papel de madre por teléfono para sus dos hijos mayores, aunque confía en que ellos le ayuden desde allí. No obstante, cuando sale del trabajo, Delia acude a cualquier locutorio o cabina que ve por la calle para hablar con sus hijos. "Son bastante responsables. No saben tomar chicha(bebida alcohólica) ni se portan mal. Y confío en que los cien dólares mensuales que les envío para sus gastos ordinarios son bien utilizados".

"Ellos quisieron regresar a Bolivia, así que ahora les toca ser responsables. A una madre le duele el alma siempre que no está con sus hijos y, aunque ya me acostumbre a Navarra, sé que un día tendré que regresar a Bolivia porque ellos están allá".

Cinco hijos en Senegal

"El deseo de volver a casa con mucho dinero no debe ser excusa para que regreses a ella con un sólo céntimo que sea ilegal". Estas palabras se las dijo a Ahmed Tidiane Sarr su padre poco antes de salir de Senegal en busca de trabajo hace siete años. Hoy las recuerda cuando habla de su familia, que vive en Keer-Massar, a tan sólo 18 kilómetros de la ciudad de Dakar. Tidiane dejó allí al cargo de su esposa y familia cinco hijos: una chica de quince años llamada Rama y cuatro chicos de entre 14 y 7 años: que responden a los nombres de Mouhamadon Bachir, Malick, Mohuhamadon Mustafá y Mouhamadon Habib.

Tidiane ha trabajado sobre todo como soldador ya que había estudiado en su país y con algunos ahorros pudo salir de Senegal en avión cuando su hijo pequeño acababa de nacer. Desde entonces, ha trabajado en Camerún, Turkmenistan, antigua Yugoslavia y en España. De Zaragoza llegó a Burlada, aunque la crisis de la construcción lo tiene en paro desde hace cinco meses.

Entre tanto periplo, Tidiane ha encontrado siempre tiempo para hablar con su familia. Su esposa Ndeye Boury Fall, una mujer a la que él define como "muy valiente", le informa de los pormenores de la casa. Tidiane considera una bendición que sus hijos se críen en una familia en la que se leen las escrituras del Corán. "Mis hijos respetan a todos los miembros de la familia y todos ellos, mi padre, mis hermanos y mis cuñados, si observan que algo no está bien se lo van a decir y mis hijos van a escuchar siempre". Cuando Tidiane llama a su casa no es fácil poder hablar con los cinco hijos a la vez. Él les pregunta sobre su salud, los estudios y la vida cotidiana. "Pero no pierdo la esperanza de lograr un trabajo estable y reunirlos junto a mí", sonríe mientras pronuncia el deseo.


Comentarios
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  • Las situaciones personales de los tres entrevistados son muy penosas, pero me pregunto si la emigración mejora la situación de sus países y de los familiares que han dejado allí e, individualmente, si los inmigrantes consiguen incluso después del agrupamiento, felicidad y bienestar en nuestro país o van a seguir sufriendo, aunque sea de diferente manera. En el caso de madres solteras que se traen a sus hijos y no tienen apoyo familiar lo veo muy complicado y los que vienen de culturas muy diferentes a la nuestra tampoco lo tendrán fácil. Como si fuéramos nosotros a sus países.forastera

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